Arqueologías para después del fin del mundo

- Publicidad -

Sebastián Guzmán Díaz (Medellín, 1984) rompe con el estereotipo tradicionalista del artista.

Habitualmente, los maestros del pasado estaban centrados en el manejo de técnicas y oficios como resultado de largos procesos de aprendizaje en el taller o en la academia. Esas eran las herramientas por medio de las cuales los artistas planteaban sus ideas y propuestas. En ese contexto, a lo largo de la historia, era frecuente que los puntos de vista de los artistas resultaran muy abstractos y herméticos para la mayor parte del público y que ellos mismos aparecieran como encerrados en una torre de marfil, dedicados a asuntos que no tocaban la realidad ni la vida de las personas corrientes.

Sebastián Guzmán Díaz se mueve en una situación diferente. En efecto, como el artista contemporáneo que es, se ubica como un pensador y un investigador que busca transmitir la complejidad teórica y conceptual de sus reflexiones sobre la realidad a través del lenguaje sensible de las artes.

- Publicidad -

Para ello, recoge en sus obras las problemáticas que se enriquecen de múltiples puntos de vista, derivados de un amplio proceso de formación, con diversos pregrados y posgrados en ingeniería, en administración, en energías renovables, mercados energéticos y procesos medioambientales, antes de estudiar Artes Visuales.

Un artista -ingeniero, un proceso

Un proceso poético de este tipo era difícil de imaginar en el pasado cuando el pensamiento general consideraba que los caminos de la ciencia y de la tecnología eran irreconciliables con los del arte, como si se movieran en órbitas distintas de la vida. Por el contrario, el arte actual, permite plantear que las diferencias no tienen que ver con el sentido o la idea que se quiere afirmar, sino, más bien, con los medios a través de los cuales se presentan, es decir, con la manera de entrar en comunicación con el público que recibe el mensaje y con los objetivos y alcances de esa comunicación.

Un artista – ingeniero como Sebastián Guzmán Díaz es consciente de que sus esculturas producen un efecto diferente al que se espera de un planteamiento teórico o tecnológico sobre el mismo asunto; en efecto, el arte toca la sensibilidad y nos habla a través de la intuición, haciendo patente de manera inmediata el problema que se presenta. No es casual que en muchos idiomas exista el conocido adagio según el cual “una imagen vale más que mil palabras”, porque se percibe que es una forma de transmitir ideas complejas que, al dirigirse a la intuición sensible, puede ser más eficaz para desencadenar la reflexión que un texto o un discurso verbal.

Armonía es una pequeña escultura que pertenece al proyecto artístico Arqueologías para después del fin del mundo, que, con su sola presencia, nos pone a pensar en realidades concretas de nuestra forma de vida y en el sistema que las sostiene. Una vasija rota de concreto con una escalera metálica, apoyada en un pequeño árbol muerto, con musgos adheridos también muertos.

- Publicidad -

Lo que alguna vez pudo ser una bella planta ya no es más que una especie de calvario donde el crucificado, el ser humano, ya ha sido arrancado del árbol muerto, también él arrancado de una tierra ya inexistente, sin agua ni posibilidad alguna de supervivencia.

Pero es evidente que no se trata de una celebración apocalíptica de la distopía, como si ya no hubiera remedio, ni tampoco de la afirmación de la muerte de la naturaleza que solo puede significar nuestra propia destrucción como especie. Es, más bien, una pregunta que se hace extrapolando el tiempo; algo así como si se nos dijera: “¿Es esto lo que queremos dejar cuando nos hayamos ido?”. Y la pregunta, a través del concreto y el metal, tiene que ver con lo que hemos hecho para explotar la naturaleza.

En otras palabras, es un cuestionamiento a las estructuras sociales y económicas limitadas a la búsqueda de un tipo de progreso que puede parecer maravilloso, sin que caigamos en la cuenta de que, entendido en sentido puramente material, es un callejón sin salida que conduce a la destrucción.

- Publicidad -

Más notas

- Publicidad -

Más noticias

- Publicidad -