Medellín se consolida como un destino turístico de entretenimiento de talla mundial (o al menos eso queremos creer). Conciertos y eventos de factura internacional se programan de manera permanente, proyectando una imagen vibrante de la ciudad y generando derramas económicas que nutren negocios formales e informales. Esa dinámica amplía oportunidades de desarrollo y subsistencia para miles de personas. Sin embargo, el entretenimiento no es sinónimo de bienestar. Y la Medellín que disfrutan los visitantes no siempre es la misma que experimentamos quienes la habitamos.
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En 2025, según la más reciente encuesta de Medellín Cómo Vamos, el 28 % de los ciudadanos reportó tener una salud mental regular o mala, una cifra que, aunque presenta una ligera mejoría del 2% frente al año anterior, sigue siendo preocupante, ya que casi uno de cada tres habitantes reporta estas condiciones. Además, el 21 % afirmó que algún miembro de su hogar sufrió afectaciones en su salud mental durante el último año. La salud mental no es un tema accesorio; es un componente fundamental del cuidado de la vida.
El análisis detallado de las cifras revela una brecha de género significativa. Mientras el 21 % de los hombres reportó un estado regular en su salud mental, el 27 % de las mujeres manifestó sentirse así. También existen marcadas diferencias territoriales: las mayores afectaciones se concentran en las zonas Nororiental (27 %), Centroccidental (26 %), Noroccidental (25 %), mientras que en la zona Suroriental la cifra desciende al 15 % y en Santa Elena al 16 %. Estas disparidades reflejan desigualdades estructurales que no pueden ignorarse.
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Entre las principales causas de estas afectaciones las personas reportan: la situación económica 17 %, el estrés laboral y académico 16 % y los problemas familiares con un 6 %. Reflejando, que, si bien la economía de nuestra ciudad muestra fortaleza y una total recuperación tras la pandemia, persiste una inequidad estructural en el acceso a las oportunidades, mostrando que el crecimiento agregado no siempre se traduce en bienestar social compartido.
El panorama se vuelve aún más inquietante cuando se observan los indicadores más críticos. Según datos de Sivigila del 2024, Medellín registró una tasa de intentos de suicidio de 107,1 por cada 100.000 habitantes, frente a una de 73,5 a nivel nacional y la tasa de mortalidad por suicidio (los que realmente fallecieron) alcanzó 7,7 por cada 100.000 habitantes. Son cifras que obligan a una reflexión colectiva. Máxime cuando la principal causa son los problemas familiares, en muchas ocasiones invisibles por vergüenza y silencio.
En medio de este panorama, se encuentra un dato alentador. El encierro involuntario que trajo la pandemia nos enseñó la importancia del cuidado activo de la salud mental y esa mayor conciencia se tradujo en un incremento en un incremento de consultas por esta causa al sistema de salud; aunque solo el 29 % de quienes dicen tener un problema de salud mental buscan ayuda profesional, el número de consultas de 2024 es 2,5 veces superior al del 2019. Lo que indica una mejora en el autocuidado y una abolición del tabú alrededor de la salud mental.
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En medio de este contexto, hay también señales alentadoras. El aislamiento que impuso la pandemia dejó una enseñanza; nuestra salud mental requiere cuidado activo. Esa mayor conciencia se tradujo en un aumento significativo de consultas al sistema de salud. Aunque solo el 29 % de quienes reconocen tener un problema buscan ayuda profesional, el número de consultas en 2024 fue 2,5 veces superior al de 2019, llegando a casi a 518.000. Lo que muestra que algo está cambiando y el tabú comienza a ceder.
El desafío de la salud mental en Medellín es grande, pero no debería paralizarnos. Por el contrario, esta situación exige fortalecer el autocuidado y el cuidado mutuo. El bienestar no depende únicamente de decisiones individuales; también requiere que el desarrollo económico alcance a más personas y que ejerzamos el civismo y la convivencia para reconstruir el tejido social. Medellín tiene el potencial para ser una ciudad de oportunidades reales y bienestar para todos. Sin desconocer los avances y esfuerzos institucionales, ¿qué más podemos hacer, como sociedad, para cuidarnos mejor? El éxito de Medellín no puede medirse solo por el número de conciertos que realiza y estadios que llena, sino por el bienestar y la calidad de vida que ofrece a sus habitantes.





