Un juego de pierde-pierde

“El mundo añadirá dos billones de pies cuadrados de edificios para 2060, el equivalente a construir una nueva ciudad de Nueva York, cada mes, durante los próximos 40 años”, afirma Bill Gates en su libro Cómo evitar un desastre climático.

Actualmente, uno de cada cuatro proyectos de vivienda en Antioquia se desarrolla en el Oriente. Solo en 2023, se aprobaron alrededor de 1,2 millones de metros cuadrados en licencias de construcción en la subregión.
Basta con observar las volquetas que, a diario, transitan por las vías de Rionegro, El Retiro o La Ceja, con el material que las retroexcavadoras han devorado de las montañas, para darnos cuenta de que hacemos parte de un problema global.

Exigimos más de lo que el planeta puede darnos y desoímos sus advertencias y consecuencias. La construcción, tan necesaria para el desarrollo humano, es responsable de cerca del 30 % de los gases de efecto invernadero en el planeta. Además, la concentración urbana, fundamental para poder equilibrar las cargas, hoy parece una utopía entre el Valle de Aburrá y el Valle de San Nicolás.

Los POT (Planes de Ordenamiento Territorial), los PBOT (Planes Básicos de Ordenamiento Territorial) y los EOT (Esquemas de Ordenamiento Territorial), según el número de habitantes, brillan por su ausencia o se han quedado cortos para responder a la acuciosa demanda de nuevos habitantes en la región. 

Esto se debe, por un lado, a la improvisación y, por otro, al desinterés de las administraciones municipales por hacer algo al respecto. No es un secreto que los constructores son importantes contribuyentes, no solo de las arcas notariales y municipales, sino también de las campañas políticas de alcaldes y concejales.

Los municipios del Oriente también han sido tímidos en la configuración de bancos de tierras para regular la construcción y establecer políticas públicas que favorezcan el crecimiento ordenado y sostenible. Las zonas de desarrollo, el tendido de servicios públicos y las nuevas vías se trazan más como un capricho de la administración de turno que como un verdadero plan a largo plazo. Los gobiernos suelen ser poco amigos de inversiones a largo plazo, que solo mostrarán sus frutos décadas más tarde. “El político piensa en la próxima elección, mientras el estadista en la próxima generación”, decía Otto von Bismarck.

Es momento de cuestionarnos qué modelo de desarrollo estamos impulsando en el Oriente antioqueño: ¿uno que favorece intereses privados o uno que prioriza el bienestar de la comunidad y la región? Seguramente es posible armonizar ambos, pero, para lograrlo, se necesita voluntad política y ciudadana. Voluntad que, hasta ahora, solo parece seguir sacrificando el interés común en aras de los privados. Por ese camino, al final, no habrá territorio sostenible ni para la gente ni para los empresarios, en un juego en el que todos perdemos, un juego de pierde-pierde.

[email protected]
www.carlosnaranjo.co

- Publicidad -

Más contenido similar

- Publicidad -

Más noticias

- Publicidad -