Un bien de interés cultural es un arma de doble filo

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En la ciudad existen casas y edificios que se salen de lo común, bien sea por su antigüedad o su valor arquitectónico. ¿Todas estas construcciones deben conservarse? Dos reconocidos arquitectos de Medellín, León Restrepo y Laureano Forero, hablan sobre el significado del patrimonio.

Existe en El Poblado, arriba de la calle 10, una casa diseñada por Rogelio Salmona (1927, París – 2007, Bogotá), el arquitecto más importante de Colombia y del ámbito latinoamericano. La obra le fue encargada por Mario Gutiérrez hace más de 50 años. Además, se la ha llamado La casa Gutiérrez o La casa Salmona.

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En todo este tiempo, la casa ha sido una total desconocida. Así lo afirma el arquitecto Laureano Forero: “La casa de Rogelio la conocimos tres o cuatro interesados en el patrimonio, en la arquitectura o en Salmona. Hasta hace poco que dijeron que la iban a demoler… Lo único que es importante es que era una preciosa casa de Salmona”.

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La casa original prácticamente no existe. Ha sido intervenida en casi un 75 %, y “para recuperarla habría que volverla a construir”.

¿Por qué Rogelio Salmona diseñó una casa en Medellín?

La construcción de la Casa Roja, Casa Gutiérrez o Casa Salmona se inició en 1966, producto de una asólida amistad entre el senador liberal Mario Gutiérrez y el arquitecto Rogelio Salmona. Solo dos casas en Medellín fueron diseñadas por él.

A la izquierda, Laureano Forero;  y a la derecha, León Restrepo.
A la izquierda, Laureano Forero; y a la derecha, León Restrepo.

¿Qué significa para una familia ser propietaria de un bien que puede considerarse como patrimonio?

Tal y como están las cosas, que a una persona le declaren su casa, por ejemplo, como bien de interés cultural, podría ser, además de un honor, una maldición.

Un honor, porque según el arquitecto León Restrepo “una sociedad, en el momento de reconocer patrimonio algún bien, lo que está diciendo es que es una joya, porque representa nuestra identidad, porque tiene unos valores históricos, estéticos, culturales, etc. de gran trascendencia; porque es un hito de una comunidad o de un conjunto urbano”.

Y una maldición, porque, aparejado a la declaratoria, no vendrá ningún dinero ni otro tipo de apoyo o ayuda para asumir la responsabilidad que le acaba de caer encima: mantenerla en excelente estado, pagar impuestos, arreglar los daños, etc. Esta dualidad entre honor y maldición es lo que el arquitecto Restrepo llama paradojas del patrimonio.

Otro aspecto de esa maldición es que, en principio, “una persona que tenga su casa declarada como patrimonio no puede hacer nada con ella”: arquitecto Laureano Forero. Y si quisiera intervenirla, deberá cumplir con numerosos requisitos, además contar con una buena cantidad de dinero.

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“Nosotros hemos visto que en otros países existe una ley que hace que determinada edificación que se convierta en patrimonio reciba, inmediatamente, un auxilio para sostenerla, para hacer factible mantenerla en pie (…). Es hora de que Colombia sepa que, si quiere un patrimonio construido, lo debe mantener”, afirma Laureano Forero.

Para declarar determinada edificación como bien de interés cultural o BIC se tienen en cuenta diez factores, que contempla el Ministerio de Cultura mediante decretos.

Entre esos factores están: la antigüedad; quién es el autor; el estado de conservación (uso, cuidado y mantenimiento del bien); el contexto ambiental; el contexto urbano; el contexto físico (relación del bien con su lugar de pertenencia); y la representatividad y contextualización sociocultural (sentido de pertenencia).

Según los arquitectos Forero y Restrepo, si ese bien debe ser intervenido, esto puede hacerse de dos maneras, la historicista, es decir, tal como era, con los mismos materiales que fue construido; o construir a futuro, es decir, con componentes actualizados y funcionales que pueda ser utilizado por la gente hoy, mañana o dentro de 50 años.

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