En el quirófano nadie hablaba. María Isabel, de 13 años, estaba sin hígado, su retorno venoso —la sangre que vuelve al corazón para que este pueda seguir bombeando— estaba comprometido y el corazón dependía de que cada movimiento ocurriera en el segundo exacto. “Había un silencio extraño, como de: Dios mío, se nos puede morir”, […]