Acaba de pasar el mundial y es inevitable hablar de lo que nos dejó más allá del buen fútbol, de los equipos y jugadores revelación.
Quiero empezar resaltando la exhibición de los rasgos de cada cultura que pudimos ver allí, no haré un recorrido por todas, esto sería excesivo, solo mencionaré un par, la que conocemos y una que unos admiran y otros no tanto. La colombiana, que llena estadios, canta el himno a todo pulmón, anima a los jugadores todo el partido, apoya a su Sele, llora, hace los mejores banderazos, cualquiera que sea la ciudad o país, la de los comerciales de marcas que desde la emoción tocan fibras, que resaltan el origen, el esfuerzo y el proceso. Mientras tanto, la Argentina, que mueve pasiones, que siente poder, que mira por encima del hombro, porque sabe lo que tiene y que en los comerciales de sus marcas solo considera el triunfo, la copa en sus manos. Una diferencia diametralmente opuesta, el orgentino no tiene entre sus posibilidades perder, el colombiano tiene entre sus posibilidades que podría ganar. Hablamos mucho de las narrativas y ya la sola palabra suena trillada, pero vale la pena seguir pensando en cuál es la narrativa de país que queremos y los cuentos que nos tenemos que creer.
Tenemos una narrativa de un país de gente pujante, empreendedora, y es así, solo basta con mirar cifras de ANDI, Acopi, Colombia Tech Report y tantas otras que monitorean las empresas de todos los tamaños y los emprendimientos de base tecnológica, pero no hay que olvidar la masa de informalidad que tiene este país. Por lo tanto, a la narrativa que tenemos que construir, le agregaría el sueño de poder declarar, qué tipo de empresas deberíamos tener o si nos seguimos quedando tranquilos con que el desempleo baja, pero ¿con qué calidad de trabajos?
Hoy estamos en la plena oportunidad y singularidad que además nos permite pensar en modo destrucción creativa.
Yendo muchos siglos atrás, cuando ocurrió la revolución industrial y llegaron a la industria las primeras máquinas, cuenta la historia que los trabajadores y hasta los gobiernos las quemaban, por el riesgo que esto representaba de eliminar trabajos artesanales, así lo reporta el libro Technology Trap, pero hoy no concebimos una producción industrial, sin máquinas, de hecho, no una competitiva y eso que aún no estamos en un nivel satisfactorio respecto a eso que nos trajo la primera revolución industrial, hoy nuestro país tiene bastante obsolescencia tecnológica industrial e incluso una caída en la industrialización que al fin y al cabo es un sector que trae mucho empleo, calidad de vida y progreso económico. Lo que propongo es que no nos quedemos viendo esta era de la IA como tal vez nos quedamos viendo la de la revolución industrial, que sigue siendo vigente y pasando y nosotros rezagados en muchos sectores. Como lo dijo un participante de un coloquio en el que tuve la fortuna de estar esta semana, esta debería ser una de las conversaciones más importantes del país en este momento, cuáles ventajas va a traer la IA para Colombia, cuáles empleos se van a destruir y entonces cuáles en cambio vamos a crear, cómo tenemos que formar a las personas y en qué, la tecnología no debe asustarnos, debería tenernos emocionados y también muy retados, porque como lo dijo Elon Musk en entrevista reciente con The Economist, en 5 años la IA será más inteligente que todos nosotros, y entonces cómo sacaremos provecho de eso?, de eso que él mismo menciona como abundancia. Igual no todo se tendrá que destruir creativamente. Hay cosas que siguen siendo como fueron en su estado inicial, esas cosas que perduran en el tiempo son soluciones profundas, disrupciones en su momento que se convierten en permanentes, como lo menciona el libro Antifrágil.
Volviendo al fútbol, hoy vemos un deporte lleno de tecnología, no solo desde lo análogo como pueden ser los textiles y materiales usados en la ropa, los guayos que además tienen mucha teoría del color en cuanto a que se busca el contraste con el verde de la cancha para poder apreciar mejor las jugadas, los dispositivos de medición que porta cada deportista, el VAR, las recientes cámaras para reportar el referee view al mejor estilo de los videojuegos de fútbol. Todo esto puede parecer que el fútbol se acabó en su estilo tradicional y a esto sumarle paradas para hidratación y hasta shows de medio tiempo. Yo prefiero verlo como que todo esto es producto del momento singular que estamos viviendo y que la industria deportiva y de entretenimiento está sabiendo aprovechar.
Solo para recordar, la tecnología no es solo IA, hay muchos avances sucediendo en el campo médico, biológico, en el de los nuevos materiales, en el ámbito de procesos para obtener energía, todas estas tecnologías deben ser industrializadas y sé que hay muchos colombianos trabajando en ello, debemos hacer que más y más puedan estar allí para elevar la generación de riqueza para todos. Ejecutar más, hablar menos, por eso, más hacer, menos elocuencia, más narrativas simples, concretas y menos románticas que nos habiliten para avanzar dramáticamente.




