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¡Se nos olvida disfrutar!

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El sentido del deporte va más allá de eso: el goce, el disfrute, la multiplicación de afición, lo que genera en el espectador… Eso no cabe en una hoja de cálculo.

Esta semana vivimos hechos históricos que nos llevaron a sacar la tabla de comparación, que en el deporte es un formato conocido, remanido, a veces válido y muy vendedor en medios de comunicación y redes sociales. Pero en ocasiones abusamos, y lo peor, nos esconde algo evidente: el disfrute.


En los últimos días tres figuras del deporte lograron hitos. LeBron James ganó su cuarto título de la NBA, que trajo su cuarta elección como jugador más valioso de las finales, primero en la historia al hacerlo con tres equipos diferentes: Cavaliers, Heat y Lakers. De inmediato volvieron las comparaciones: ¿Quién es el más grande, Michael Jordan o LeBron?


Rafael Nadal confirmó en París que es el rey del tenis cuando se juega en tierra batida y llegó a 20 títulos de Grand Slam, igualando a Roger Federer como el más ganador. Y adivinen cuál fue la discusión: ¿El español o el suizo como mejor de la historia?

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El mismo día, el británico Lewis Hamilton logró la victoria en el Gran Premio de Fórmula 1 en Nürburgring (Alemania) y con 91 victorias igualó a Michael Schumacher. El hijo de Michael, Mick, le entregó un casco de su padre en pleno podio, en un gesto revelador de que la posta de la F1 es ahora del británico. Pero ni así los comentarios amainaron: ¿Michael o Lewis?

El deporte está basado en números y títulos. Es fácil sacar una tabla y empezar a sacar ganadores y perdedores basados en un Excel. El sentido del deporte va más allá de eso: el goce, el disfrute, la multiplicación de afición, lo que genera en el espectador… Eso no cabe en una hoja de cálculo.


Y en este hemos terminado. Como si fuera una contienda política se eligen bandos, se complementan los apellidos con un “ista” para demostrar que esa es su vereda y la van a defender hasta las últimas consecuencias. Quien esté al frente es un enemigo. ¡Y no! Es bueno tener una posición y un favorito, pero que ubicarte en un lado de la historia te lleve a disfrutar solo del revés a dos manos de Federer y no de la zurda de Nadal, sí es equivocado.


No hablo de tener un equipo favorito al que se le hace fuerza, que es normal y necesario. Es dejar de disfrutar el deporte por una posición radical. Como en el caso de Stefan Medina, que muchos aún se tragan su bilis porque un chico, que comenzó mal, ahora lo hace muy bien en la selección nacional, ¡un equipo de todos!
No es un llamado al idealismo sin banderas, es celebrar por encima de todo. Y si se quiere, luego sacar el Excel, pero sin dejar de admirar. Y dejemos los “istas” para las tarimas políticas, que con suficiente hastío nos han permeado la vida.

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