Han pasado 44 años desde la última edición, y hoy la ciudad y el departamento se preparan para abrir de nuevo un escenario: la Bienal Internacional de Arte de Antioquia y Medellín (BIAM). Entre memorias del pasado y apuestas del presente, este encuentro cultural busca proyectar el talento local hacia escenarios internacionales, tejiendo un diálogo entre las voces del territorio y la escena global.
La historia de las bienales en Medellín comenzó con la visión empresarial de Coltejer, que en 1968, 1970 y 1972 financió y organizó tres de las exposiciones de arte más ambiciosas de América Latina. Fueron tiempos en que la industria textil se unió al arte para situar a Medellín en el mapa mundial de la creación contemporánea. En 1981, el Museo de Arte Moderno retomó la apuesta con la IV Bienal, vinculando el arte con la vida urbana y el diseño, y cimentando las bases de una ciudad que aprendía a pensarse a través de su cultura.
“Las bienales anteriores fueron una máquina de oportunidades de internacionalización para artistas plásticos de Antioquia, del nivel de Fernando Botero, Luis Caballero y Óscar Jaramillo”, cuenta Roberto Rave, director del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia. Su anhelo es claro: que la edición 2025 abra puertas para que los artistas locales puedan vivir dignamente de su oficio.

El impacto social
Para Rafael Tamayo, gerente del proyecto liderado por la Gobernación de Antioquia y el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, el regreso responde a una necesidad vital: “El arte tiene un impacto directo en el desarrollo económico, en el turismo cultural y en la cohesión social”. Y por eso esta bienal no se concibe como una feria comercial, sino como un espacio pedagógico y de encuentro ciudadano en torno a la creación.
Los artistas invitados coinciden en el valor de este espacio. El fotógrafo Andrés Sierra celebra que la bienal acoja la fotografía como lenguaje: “Ha sido relegada en ciertos escenarios. Presentar mi obra junto al archivo de mi bisabuelo, Melitón Rodríguez, es un reconocimiento al poder sensible de la imagen”. Para Fredy Clavijo, artista invitado, el valor está en el encuentro: “Una bienal abre un escenario de reflexión coral. Nos permite pensar el momento histórico que vivimos y recuperar una dimensión humana necesaria en el hoy”.

“Un evento para recordar que el arte, además de belleza, es una forma de resistencia, de encuentro y de esperanza compartida”. Rafael Tamayo, gerente del proyecto.