El año pasado fue uno de esos años en los que se sintió como si la vida nos pusiera en modo supervivencia: decisiones duras, giros inesperados, despedidas forzadas, y una sensación constante de no saber a dónde íbamos a llegar.
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Hubo momentos en que todo se sentía cuesta arriba. Como si el universo nos estuviera pidiendo que soltáramos más de lo que creíamos poder soltar. Y, sin embargo, aquí estamos, con nuevas fuerzas, nuevos impulsos y con la claridad de que, así como sale el sol, también llegan nuevos aires para volver a empezar.
Pero ojo, no se trata de hacer borrón y cuenta nueva, sino más bien, de que seas consciente de lo que te pertenece por derecho propio: tu energía, tu fuerza, tus sueños, tu tiempo, tu voz.
Porque este nuevo año, no necesita que lo llenes de visual boards o metas escritas por compromiso en un papel. Necesita que te lo tomes en serio, te hagas cargo de lo que te corresponde y le grites al universo lo que quieres hasta que el eco te devuelva tus palabras hechas realidad.
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Y no hablo solo de lo material. Hablo de eso que está dentro de ti, pero que tal vez dejaste de lado por miedo, cansancio o distracción.
- Ese libro que no escribiste.
- Ese proyecto que te da vueltas en la cabeza hace años.
- Esa versión tuya más auténtica que apagaste por alguna razón.
- Esa paz que perdiste intentando complacer a todo el mundo.
- Ese amor propio que se fue diluyendo entre tantas exigencias.
Por eso, quiero retarte a que arranques este año con un acto de profunda valentía:
¡Reclama lo que es tuyo!
Reclama en voz alta, todos los días lo que te pertenece, lo que te mereces y repítelo hasta que tu voz interna se alinee con esa nueva historia.
Repítelo como lo hacen los soldados cuando los entrenan: a grito limpio, hasta que la orden se convierte en parte del cuerpo.
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Porque tu mente necesita instrucciones claras y tu alma necesita que lo creas para poder mostrarte la forma de materializarlo.
Yo ya lo estoy haciendo. Empecé este año escribiendo —literal— lo que quiero que suceda. No para soñarlo desde la distancia, sino para anclarlo en mi presente y repetirlo a diario hasta verlo hecho realidad.
Así que quiero motivarte a que hagas lo mismo. No esperes a que se alineen los planetas. No te pongas condiciones imposibles. Simplemente, créelo, escríbelo, decláralo y repítelo.
Eso sí, vas a tener que aprender a confiar en el poder de una frase que se dice todos los días con el corazón, porque cuando lo haces, empiezas a habitar ese futuro que parecía lejano. Tu energía cambia. Tu enfoque se afila. Tus decisiones se vuelven más claras. Y sin darte cuenta… el mundo empieza a responderte diferente.
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¿Quieres algo este año? Entonces reclámalo, pero hazlo muy fuerte para que tu voz interior te mueva hasta lograrlo.
Porque eso que tanto anhelas —sea libertad, estabilidad, amor, propósito o alegría— ya está sembrado dentro de ti y solo necesita que tomes el control de tu voz y lo grites al mundo.
Nos vemos en el camino. Con más fuerza. Con más claridad. Y con una certeza que no se negocia: el primer paso para cambiar tu vida es reclamar lo que te mereces.
Feliz y próspero 2026.





