Hubo un tiempo en el que la vida sonaba diferente. Donde todo se sentía más intenso, más vivo… más tú. Y no era por el lugar, ni por la edad. Era por la música.
Esa que te hacía saltar en un cuarto sin ventanas. Esa que te rompía el corazón y te lo volvía a armar en tres minutos. Esa que ponías a todo volumen para que el mundo supiera cómo te sentías, sin decir una sola palabra.
Lee todas las columnas de Juan Manuel Gaviria aquí.
Pero luego… creciste. La vida se volvió seria. Y poco a poco, el silencio se fue metiendo. No el silencio de la calma, sino el otro: el del piloto automático. El de los pendientes, el Excel, los audios de trabajo y las notificaciones infinitas. Y sin darte cuenta, dejaste de ponerle canciones a tu vida.
Hace poco, en medio de esta gira que me tiene cruzando países, escenarios y culturas, algo en mí despertó. Cada ciudad trajo consigo sonidos nuevos. Ritmos que no conocía. Letras que no entendía, pero sentía. Y fue ahí donde recordé algo tan simple como poderoso: la música fue el primer motor que nos hizo sentir vivos. La que nos hizo mover de bebés. La que nos transformó de niños a jóvenes. La que nos enseñó lo que era amar, llorar, soñar, gritar.
Le puede interesar: Callar también mata
Y en cada lugar que he estado, me pregunto lo mismo: ¿dónde quedaron esas canciones que me mantenían vivo? La verdad, las apague. Me volví adulto con unas playlists sin alma.
Y caminando e interactuando, entendí que la vida sigue siendo una película y toda película necesita una banda sonora, porque sin ella no hay emociones que despertar.
Por eso hoy quiero invitarte a hacer algo que no cuesta nada, pero lo cambia todo:
Lea también: Siete minutos bastan
¡Vuelve a ponerle música a tu historia!
Busca tu teléfono, abre la app que usas para escuchar música o ver videos, toma papel y lápiz, y haz lo siguiente:
- Piensa en los mejores momentos de tu vida. Busca en tus recuerdos esos sonidos que marcaron esos momentos.
- Busca esa canción que marcó tu primer amor.
- Aquella que te hacía bailar como loco en la universidad.
- Esa que te acompañó cuando pensaste que el mundo se te venía abajo.
- Esa que te daba energía para salir a comerte el mundo.
Anótalas. Búscalas. Escúchalas. Cántalas a grito herido.
- Que no te dé pena.
- Que no te dé nostalgia.
- ¡Que te dé vida!
Porque no hay nada más sanador que encontrarte en una canción y darte cuenta de que esa versión tuya, la intensa, la libre, la vibrante, sigue ahí. Solo que necesitaba volver a sonar y resonar en ti.
Lea: Ese loco afán que no te lleva a nada
No esperes a la fiesta de otro. No esperes al evento especial. Pon hoy tus canciones. Cántalas en la ducha, en el carro, en la cocina, en el trabajo, donde quieras… pero hazlo ya.
Inclusive, crea una playlist que no te deje olvidar quien eres y te recuerde a cada instante que estás vivo, y que nada nadie podrá contra ti mientras que estés feliz.
Únase aquí a nuestro canal de WhatsApp y reciba toda la información de El Poblado y Medellín >>
Porque cuando la música vuelve a tu corazón, vuelve todo. Las ganas. Las risas. Las lágrimas. Las emociones que creías perdidas. Y lo mejor de todo… con ellas, vuelves tú.
Así que dime… ¿cuál es la banda sonora de tu vida? Y si no la estás escuchando ya… ¿qué esperas para volver a ponerla?





