Fin de una década: ¿Qué nos deja la Valorización?

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Presentado por el alcalde Salazar, el mecanismo lleva rodando 10 años en El Poblado. El análisis de expertos tiene en cuenta los retrasos en las obras, pero también virtudes en la gestión.

Es curioso que en el debate público de la ciudad, al mencionarse la palabra “valorización” suceda lo mismo que cuando no se hace: incomoda un montón y a muchos, por distintos motivos.

Los que saben de urbanismo le tienen en alta estima, los contribuyentes le rehúyen aunque hay quienes sienten que es justa, y los políticos quieren sus resultados sin pasar por el impopular trance de cobrarla.

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Así es, pese a que más del 80 % de las vías arterias de la ciudad se financiaron gracias a este mecanismo, la valorización se convirtió en las últimas dos décadas en una mala palabra que podría estar en camino a su redención.

O no, pues como en otros grandes temas de Medellín, todavía es una incógnita lo que propondrá el próximo alcalde Daniel Quintero, lo cual no deja de ser paradójico para una ciudad que ha recurrido con éxito a la valorización desde 1930.

Para agregar más contradicciones, el mismo alcalde que acabó con el Inval y dijo hace 15 años que no cobraría más valorización, como gobernador derramó este cuatrienio cobros con este mecanismo por más de $200 mil millones.

Incluso el gobierno nacional anunció que contempla cobrarla a los predios rurales valorizados por las vías 4G. “Es la forma más justa y práctica de hacer que cierren financieramente las grandes obras de infraestructura, solo hace falta voluntad política”, sostiene Jorge Pérez Jaramillo, exdirector de planeación de Medellín.

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Sabe por qué lo dice, pues hizo parte de la pasada administración municipal, que lideró el megaplan de movilidad en El Poblado. Ninguna otra alcaldía lo había hecho desde el siglo pasado, pese a que Sergio Fajardo creó el Fonvalmed y Alonso Salazar convocó a la elección de representantes de los propietarios impactados por las obras.

 

El mecanismo vs la popularidad

Las primeras obras comenzaron en 2012, el cobro se derramó en 2014 y el recaudo de los dineros empezó en 2015. La totalidad de los $580 mil millones en que se tasó el megaplan correría por cuenta de estos contribuyentes, generando polémica.

“En las elecciones municipales de 2015, el hoy alcalde Federico Gutiérrez estuvo muy activo manifestándose en contra de la valorización y nacieron varias veedurías que se fueron desinflando”, recuerda Francisco Darío Bustamante, presidente de la junta de representante de los propietarios.

Aún con sus reparos, Gutiérrez avocó la continuidad de las obras en El Poblado y los cobros por valorización, aunque se abstuvo de volver a usar el mecanismo a pesar de que podía hacerlo para proyectos como Parques del Río o para el tranvía de la 80.

“Hay políticos que prefieren la popularidad a hacer lo que tienen que hacer con los mecanismos que les da la ley. Muchas demoras en obras, como el tranvía de la 80, ocurren por preferir la gestión de recursos con la Nación antes que con los propietarios beneficiados que deben pagar valorización”, agrega Pérez Jaramillo.

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En el pasado debate electoral, ningún candidato, incluido el ganador, tocaba el tema de valorización “ni siquiera para atacarla, como sí se vio en 2015”, añadió por su parte Bustamante, quien también fue director del desaparecido Inval durante nueve años, en las alcaldías de Ramos y de Naranjo.

 

No se escapó de los atrasos y los sobrecostos

Bustamante defiende el mecanismo, pero le hace reparos a su implementación en El Poblado, donde el actual megaplán de movilidad se construye para repotencializar conexiones con las transversales, que se empezaron a construir con Valorización en 1968.

“Las obras han presentado atrasos y sobrecostos y eso nos ha afectado. No se han hecho estudios de impacto en tiempos de viaje, contaminación o de satisfacción. Eso ya no se hizo en esta administración y nos han dicho que los beneficios se sentirán plenamente cuando terminen las más de 20 obras”, opina.

Estos inconvenientes no son vistos de manera tan negativa por otros. Por ejemplo, Eduardo Loaiza, gerente de Camacol Antioquia, para quien “las obras traen incomodidades pero son el precio para poder disfrutarlas. Es muy relevante hacerlas por valorización porque difícilmente los municipios tendrían otros recursos para hacerlas. Es más, la experiencia de Medellín reactivó el uso de valorización en Envigado y en Rionegro con mucho éxito también”.

 

“Valorización de Medellín se convirtió en referente”

“Valorización de Medellín se convirtió en referente”

César Giraldo, director del Fondo de Valorización de Medellín (Fonvalmed), defiende el proceso, sin dejar de reconocer las demoras y los sobrecostos para los cuales afirma haber avanzado en su superación, tanto, que dice “la ciudad aprendió mucho con lo que se ha hecho en El Poblado para que la valorización sea tan eficiente y beneficiosa como puede ser; lo peor sería darle la espalda a este mecanismo”. Destacó la estructura flexible de Fonvalmed, con dos funcionarios (director y subdirector administrativo) y 80 contratistas encargados de recaudos, asuntos legales y acompañamiento de obras. “En estos cuatro años terminamos nueve obras, otras tres serán entregadas en 2020 y recaudamos ya $400 mil millones.

Dejaremos diseños listos, armonizados con redes que evitan sobrecostos y demoras, de los intercambios de la carrera 34 con Balsos, Parra y Las Palmas, son lo más costoso del megaplán, para que sean contratados y ejecutados en la próxima administración”.

Finalmente, Giraldo recomienda que se trate de instaurar el mecanismo de valorización metropolitano para obras que comprometan a más de un municipio, y que se amplíe el objeto del Fonvalmed “para que podamos brindar asesorías y acompañamiento técnico a otros municipios que nos los han pedido, pero legalmente no podemos hacerlo. Somos referente nacional e internacional en el tema”.

Por Alexander Barajas Maldonado / [email protected]

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