Qué habría pasado si… 

En el taxi, de camino a un evento el otro día, y como a veces me suele suceder en los carros, me encontré pensando en qué habría pasado si un hecho de mi vida hubiese sido diferente.

En este caso, una sociedad fallida de una empresa que aún existe.

Pero ese día ocurrió algo distinto: de inmediato, pensé en un buen amigo con quién justo me iba a encontrar y a quien conocí un par de años después de aquel suceso en el que venía pensando. Entonces comprendí que, si las cosas hubiesen sido diferentes, probablemente hoy no tendría esa amistad. 

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El resto del trayecto me quedé pensando cómo todo lo que soy y tengo es gracias a cada decisión que he tomado. Y volví a comprender (sí, porque esto es un proceso de re-aprendizaje constante) que, al final, no importa tanto si en su momento las decisiones se sintieron como buenas o malas, sino lo que trajeron consigo.

Y aunque muchas veces es difícil aceptar el presente, con el tiempo he descubierto que todo, al final, estará bien. Y si no lo está —como bien dice Sonny Kapoor, personaje de la película The Best Exotic Marigold Hotel—, es porque no es el final.

​​Sin cada una de las decisiones tomadas a lo largo de estas casi cuatro décadas de vida, hoy no tendría la fortuna de estar casado con una mujer increíble, de la que aprendo todos los días. No habría conocido el sentimiento de ser padre con Sofi, nuestra hija, ni la incondicionalidad con Pepa, nuestra perra. No estaría construyendo visible. No estaría escribiendo esta columna…

Entendí que, sin cada una de esas decisiones, no tendría esta vida.

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Y aquí permítanme generalizar: muchas veces subestimamos nuestro presente. Nos frustramos con los resultados inmediatos, con situaciones indeseadas. Pero cuando el tiempo hace de las suyas y nos regala perspectiva, aparecen los porqués. Y entendemos que todo sucedió como debía suceder. Que todo es perfecto.

No soy un determinista que cree que ya todo está escrito. Pero sí un tipo positivo que cree que aquella decisión que tomamos, o nos toca tomar, con independencia de la consecuencia inmediata, es la que necesitábamos para nuestras vidas.

Hoy soy un convencido de que una de las cualidades de las personas que admiro —y que, desde mi perspectiva, “están ganando en esta vida”— es que saben soltar rápido el pasado. No se quedan atrapadas en lo que pudo ser ni en lo que salió mal, toman lo útil de cada experiencia y dejan ir lo demás. 

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Porque, al final, la vida no se trata de lo que nos pasa, sino de lo que hacemos con lo que nos pasa.

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