¿Primero estaba el mar?

El proyecto anunciado hace unos días por la Alcaldía de Medellín sucede en un momento en el que se conocen cifras del mar de verdad. ¿Qué tanto podemos cuidarlo desde aquí? ¿Qué tan prioritario es el cuidado de la naturaleza para esta ciudad?

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Lo primero que es importante aclarar (por si acaso algún lector no lo conoce) es que el título de este editorial está inspirado en un libro de Tomás González, uno de los escritores colombianos más destacados: Primero estaba el mar. Ese deseo de vivir por un tiempo cercano o extenso cerca al agua se convierte en el elemento inicial de esta novela. Y esa misma intención de los personajes es la misma que mueve a miles de personas en el mundo a buscar el agua del océano cuando llega el tiempo del descanso, de las vacaciones.

Cuando el momento de volver a la ciudad se aproxima, cada uno empaca sus maletas, revisa el itinerario de avión o carretera. Y una vez ahí, el agua salada y sus habitantes se convierten en cuestión
de olvido
. Si mucho, aparecerán en el plato de un restaurante marino, en algún documental de fin de
semana o en una fiesta infantil inspirada en un personaje azulado de Disney.

SI EL PROYECTO ANUNCIADO POR LA ALCALDÍA NO
ESTABA EN EL PLAN DE DESARROLLO
ACTUAL Y AÚN ASÍ VA A REALIZARSE, TAMBIEN PODEMOS PREGUNTARNOS: ¿QUÉ HAREMOS COMO CIUDAD PARA CUIDAR LA
NATURALEZA CERCANA Y
LEJANA?

Hace unos días se conocieron los resultados de la revisión internacional del clima mundial, publicada
por el Boletín de la Sociedad Meteorológica Americana (BAMS, según sus siglas en inglés). De acuerdo con los datos contenidos ahí y de forma general, “las concentraciones de gases invernadero, la temperatura global en tierra y océanos, el nivel global del mar y el contenido calorífico de las aguas alcanzaron máximos históricos en 2024”.

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De forma adicional a lo anterior, también se supo que los 58 glaciares más importantes, de los cinco
continentes, disminuyeron, en masa, en el 2024
. Por esta razón, este año se convirtió en el que más
pérdida de hielo hubo en los últimos 55 años. Y sobre la certeza de esta información revelada no quedan
muchas dudas ya que fue posible gracias al trabajo juicioso de 589 científicos de 58 países.

Después de leer lo anterior, queda claro que la naturaleza vive su momento más desafiante mientras
muchas de las personas continúan pensando qué camisa nueva llegará a su clóset o a dónde ir de vacaciones, sin preocuparse por la basura dejada o los animales que viven cerca.

Y mientras muchos de los líderes mundiales se enfocan en guerras, peleas internas o se sumergen en actitudes que confirman por qué les falta decoro para asumir su cargo, el deterioro avanza. Porque todo sale de la naturaleza, ella es la despensa.

A pesar de este escenario fatalista, hay personas que trabajan para salvar lo posible, con brigadas, acciones empresariales, educación y otro tipo de iniciativas que demuestran que sí es posible detener el curso del desastre natural. Un ejemplo de esto es el trabajo que hace la gente de la Agenda del Mar en Antioquia. Con publicaciones, asesorías, educación y eventos han
hecho aumentar el amor hacia el mar.

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Y es que ese amor por el mar se demuestra con hechos: destinar dineros a su cuidado, evitar ir a algunas playas, vigilar las empresas que vierten residuos, realizar voluntariados o apoyar a comunidades que trabajan por él aunque estén lejos de nuestras ciudades.

Y es que, a veces, el amor también es eso: apoyar a quienes queremos, aunque no estemos ahí. Hace unos días el alcalde de Medellín Federico Gutiérrez anunció que esta ciudad “tendrá mar”: una zona acuática y “playa” que medirán 17.000 m² y costarán 195.000 millones de pesos. ¿Primero estaba el mar?

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