Medio siglo amasando parva
Cualquier cosa en la vida que se haga durante 50 años merece un reconocimiento. No conozco con exactitud dónde y cuándo se amasó el primer mojicón en aquella pastelería, pero desde hace muchos años guardo en mi memoria la imagen de una pequeña esquina que se formaba en la calle Bolivia con la sinuosa Barbacoas -la llamaban la calle del calzoncillo- cuya fachada con su buhardilla de pequeños ventanales en cuadrícula hoy recuerdo y asocio como la más auténtica repostería europea.
