El derecho a pasar una noche de corrido
De la edición impresa (Edición 293)
Una puja entre los derechos a la tranquilidad y al entretenimiento tiene lugar en el parque principal y las carreras 43B y 43D y la calle 9 desde que este espacio público rodeado de viviendas se volvió atractivo para la noche. Esto ya lo había vivido El Poblado.
Parcerito que hoy se respete, conoce y domina el espectro de sabores de más de 15 bebidas gaseosas y estimulantes, las cuales sin entrar al rango de las cervezas y los licores son sencillamente bebidas refrescantes, ideales para saciar la sed y estimular la energía corporal sin desfigurar la silueta, asunto que en los días que corren es lo más importante. Lo anterior demuestra la efectividad de la publicidad para vender bebidas no sólo a las nuevas generaciones, sino igualmente a todas aquellas personas aun pasadas en años y que padecen del síndrome bellalud; es decir que sacrifican el placer y el buen sabor de un bocado o un sorbo, por su belleza y su salud.
En mi cabeza hay un recuerdo de cuando yo tenía cuatro años y medio: de regreso de un paseo —creo que a La Pintada— voy en un carro con mi familia y, cuando vamos pasando por un puente, por el radio del vehículo se escucha la noticia de que el Papa ha muerto. En la memoria me ha quedado sólo ese vestigio sin rostros de aquel histórico episodio de 1978 en que, en menos de dos meses y medio, tres papas se sucedieron en la silla de San Pedro. Mi mamá tuvo que explicarme, años después, que aquel Papa muerto en el paseo había sido Paulo VI, pues, a su vez, ella recuerda que la misteriosa muerte de Juan Pablo I se la notificó mi papá al salir del baño, recién afeitado y en toalla.
En el sentido estricto, por definición de la Real Academia de la Lengua, el protocolo se describe como “una regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre”. Eso, naturalmente, es cierto. Pero en un sentido más amplio, puede pensarse que más bien se trata de la manera de actuar adecuadamente en cualquier situación de la vida, por cotidiana que ella parezca. Es decir, se trata de lograr un equilibrio en la forma de relacionarse, con el respeto, la discreción y la consideración debidas para las demás personas y para las instituciones, acatando las normas y procedimientos.
Ni tan impro…
Evelyn Ochoa

