Precedencias: a todo señor, todo honor
En esto del protocolo nos han dado sopa y seco por los acontecimientos ac tuales que acaparan la atención mundial y que a través de los medios nos llevan a participar de ellos .en un todo y por todo. La muerte de un personaje como Juan Pablo II, que ha sido indudablemente el hombre del siglo; el tan comentado matrimonio del Príncipe Carlos de Inglaterra y Camila Parker; el deceso del Príncipe Raniero de Mónaco; y de manera más local, con interés particular para nosotros, la visita del presidente Uribe a la China y al Japón. Acontecimientos todos que tienen sus propios rictus, unos más fastuosos que otros, pero lo cierto es que están plagados de ceremoniales y de rituales, unos religiosos, otros de las monarquías y los de las visitas de Estado. Aquí cabe decir que los actos sociales, empresariales y los gubernamentales, no necesariamente de tanta fastuosidad, requieren un orden y una presentación personal adecuada. Me impactó el comentario de un amigo que en esta Semana Santa estuvo en la procesión del Santo Sepulcro en una de las iglesias de El Poblado, y entre el poco recogimiento que observó, los fieles comían chicle, se reían y parloteaban. Pero el colmo sí fue el atuendo de algunos de los silleros del anda vestidos con camisetas como para un paseo a Tolú. Por algo se insiste en que el hábito sí hace al monje. No se trata de grandes galas, sino de adecuarse y respetar cada ocasión: bluyines, camiseticas destapadas, escotes profundos y transparencias, pantalonetas y bombachos no son lo correcto para asistir a un entierro, que en este caso es lo que se representa en la Procesión del Viernes Santo. Quede claro que el protocolo es importante hasta en los momentos mas simples de la vida.