La silla del otro
De la edición impresa (Edición 306)
Presentamos el capítulo 3 de esta novela, publicada en la Feria del Libro por la editorial de la UPB. Dice Darío Ruíz al respecto de esta nuevo trabajo de Saúl Álvarez Lara “…la narrativa de Lara aporta a un panorama tan árido como el de nuestra actual narrativa una serie de elementos importantes: la trama sicológica mediante la cual el mundo social en que discurren sus personajes logra alcanzar la complejidad que los costumbrismos rurales y urbanos no habían logrado captar, la presencia de conductas que se definen a partir de los hechos sociales y se enfrentan a un destino surgido inesperadamente casi siempre y frente al que no hay posibilidad de escape…” Este texto fue leído por el autor la noche de la presentación de su libro.
Enlace González – Isaza
Matrimonio Moore-Donner
En algún año desastroso de mi vida (aquel en que el DIM perdió el título por sólo un milímetro) me vi con una mano enyesada y traspasada por un alfiler gigantesco, y con una espinilla hecha una miseria, abierta en una herida cuyo recuerdo me será perenne, e hinchada hasta el extremo de obligarme a ir con pantaloneta a la universidad. Pues bien, buscando cumplir con los deberes que allí se me asignaron, fui con mi cruz a la Biblioteca Piloto y, allí, un funcionario criado bajo sabe Dios qué extraños preceptos morales estuvo a punto de echarme a patadas, pues a juicio suyo yo había cometido el horrible delito de estar en un templo de libros con las piernas al desnudo. Al final, quizá porque una mancha café pugnaba por salir desde dentro de la gasa, aquel Cancerbero, ceñudo, dio media vuelta sin insistir más, dejándome a mí la tarea de entender que podía quedarme y a él la refrescante convicción de saberse un hombre magnánimo.
Quién creyera, lo que hoy es una cocina que cunde por todo Medellín, para finales de los ochenta, es decir, hace 15 años, no se asomaba a los manteles paisas ni con la más mínima tortilla ni el más famoso jalapeño. Hasta la década de los 80 en esta ciudad la comida mexicana (con excepción del guacamole) no había hecho presencia y solamente aquellos que habían tenido el privilegio de probarla -en el mismito México o en Estados Unidos en su versión chicana- comentaban sobre sus delicias y bondades. Hoy en día el asunto puede parecer un poco disparatado, pero no me rajo si asevero que la primera vez que probé cocina mexicana -me rectifico: la primera vez que me tomé 5 margaritas en esta ciudad- fue en un pequeño local ubicado en Laureles cercano a la famosa tienda El Múltiple, a tres pasos y un tequila de Santa Teresita. El local en cuestión se llamaba Picante; los impecables y pecadores margaritas los preparaba Ángela Suarez, Doña Ángela. 

Con la diferencia de que en esta ocasión no habrá inmovilización general de la población, el sábado pasado empezó el censo en Medellín y en las ciudades más importantes del país. El Dane entrega una citación con 48 horas de anticipación para que las personas sepan cuando deben estar en casa. Vivir en el Poblado ofrece el cuestionario del censo para quienes quieran conocerlo de antemano.