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Ojo con una dependencia

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Médico toxicólogo Hugo Gallego

El médico toxicólogo Hugo Gallego ahonda en los riesgos que conlleva tomar analgésicos para cualquier dolor

La tendencia mundial a abusar cada vez más de los analgésicos sigue generando preocupación en el gremio médico. Las siguientes son algunas precisiones de una de las personas que más sabe sobre el tema de adicciones en la ciudad: Hugo Gallego, director de la Corporación Paso a Paso.

¿Cómo saber si se está abusando de los analgésicos?

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Si usted, un familiar, un amigo o conocido es de las personas que para cualquier dolor utiliza el tramadol sin prescripción médica, ¡ojo!, pues puede estar incurriendo en un uso indebido o en un abuso que lo puede llevar a una dependencia. De igual manera, personas que consultan con los servicios de urgencias por dolores agudos o crónicos pueden incurrir sin percibirlo en un uso indebido, abuso o adicción a analgésicos del grupo de los opioides. Personas con fibromialgia o dolores musculares continuos y persistentes, dolores neuropáticos (no se conoce la causa) o dolores por cáncer, pueden terminar usando de manera inadecuada estos medicamentos con los riesgos descritos.

¿Con cuáles analgésicos hay que tener cuidado?

Hay que saber primero que el término opio se refiere al extracto de la planta papaver somniferum (amapola); se les llama opiáceas a las sustancias derivadas del opio como son la morfina, la codeína y la papaverina, mientras que el término opioide se refiere a todas las sustancias que actúan en los receptores opioides que tenemos en nuestro organismo. Dentro de los opioides que utilizamos están los opiáceos ya mencionados que son naturales, los semisintéticos como la heroína, la hidromorfona, la dihidrocodeína, y los sintéticos como la meperidina, la metadona, el fentanilo, el tramadol. Los menciono con el único interés de que si están tomando analgésicos se fijen bien en la composición y si encuentran alguno de estos componentes pregunten a su médico los riesgos que pueden tener y, sobre todo, por cuánto tiempo los deben utilizar; pero si son autoformulados ¡cuidado! consulte inmediatamente al médico para que lo oriente al respecto.

¿Por qué, pese a los riesgos, están al alcance?

Estos medicamentos del grupo de los opioides son utilizados en forma lícita como analgésicos y en forma ilícita como sustancias de abuso, como en el caso de la heroína. No obstante, muchos de estos analgésicos se consiguen en forma lícita en grandes cantidades en farmacias, sin ninguna clase de control, y son consumidos por las personas que ya han desencadenado un abuso o adicción muchas veces severa. Severa por el deterioro de la calidad de vida, el deterioro físico, la irritabilidad, la depresión, la ansiedad y el fuerte deseo de consumir el medicamento.

¿Qué precauciones se pueden tomar?

Si toma o le prescriben analgésicos, mire, reconozca, revise y analice con detenimiento si realmente los necesita; si los necesita, por cuánto tiempo, y qué analgésicos son. Ningún medicamento está exento de efectos adversos y los analgésicos opioides tienen como efecto adverso por su mal uso o mala prescripción el riesgo de una adicción. Hay muchos dolores que no se curan con analgésicos.


A cualquiera puede pasarle

Amas de casa, profesionales responsables, personas que nunca han siquiera fumado un cigarrillo se cuentan entra las muchas que hoy sufren las consecuencias de la adicción a los analgésicos. Uno de estos casos es el de Carlos*, de 42 años. Es médico, pero en febrero de 2012 abandonó su profesión y la gerencia de su clínica particular. Siempre había estado libre de adicciones, jamás se había fumado un cigarrillo, ni tomado un trago y mucho menos probado drogas como cocaína o marihuana. “A lo único que era adicto era al trabajo”, nos dice hoy al término de un proceso de desintoxicación de una adicción que le dio un giro a su vida.
Todo empezó en agosto de 2010 cuando le practicaron una cirugía de rodilla. Para el dolor, su cirujano le recetó una ampolla diaria, durante siete días, de meperidina, analgésico de control de la familia de los opiáceos que también se receta en casos de cálculos renales y de vesícula. Se sintió tan a gusto con su efecto que no solo no la suspendió cuando le indicaron sino que al mes ya se estaba inyectando entre siete y ocho veces al día. “De inmediato identifiqué el problema y quería salir de él, pero eso te agarra y… mejor dicho. Siempre vivía corriendo y con estrés, por eso me atrapó su sensación de bienestar, de tranquilidad, de placer, por primera vez estaba durmiendo toda la noche”.
Era consciente de su adicción. “Tu estado mental no es el mismo, no respondes en el trabajo, en la casa, llegas es a dormir, no le das soluciones a nada. Me di cuenta de que no era yo… yo trabajo 24 horas, soy activo, juego, fútbol, pero ya todo me daba igual. Además, debido a la dosis me dio un paro cardiorrespiratorio y tuve dos accidentes porque me dormí manejando”. Pero dejar la meperidina no era fácil. “El síndrome de abstinencia era muy maluco, dolores abdominales, musculares y un escalofrío tan terrible que no querías meterte a la ducha porque dolía la piel”. Tras varios intentos de desintoxicación en unidades de cuidados intensivos y frecuentes recaídas, hoy Carlos lleva tres meses sin consumir meperidina, aunque hace un mes tuvo una pequeña recaída que, por fortuna, reportó a tiempo a quien lo está tratando. “Mi consejo a las personas es que no se automediquen”, dice. “Cada organismo es diferente y responde distinto. Que se guíen por el médico porque es una droga necesaria, una de las que tienen mayor capacidad para quitar el dolor, después de la morfina”.
*Nombre cambiado por petición del entrevistado.

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