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Homenajes en la tierra del olvido

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Obras públicas, vías y parques con nombres de ilustres, barrios con apellidos de familias, estructuras que connotan estigma, casi todos desconocidos.

“El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Es Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, para evidenciar la necesidad social de nombrar las cosas y las personas, de concederles identidad.

Pero en nuestro medio pareciera que “bautizamos” para olvidar. Ejemplos, el puente de la avenida San Juan – avenida del Ferrocarril (se llama José María Bernal, un líder político y dirigente empresarial) y el de Monterrey (el del cruce de Las Vegas con la calle 10, denominado José Gutiérrez Gómez). “Don Guti” también le da su nombre al flamante Teatro Metropolitano, como homenajes al connotado benefactor de obras sociales y culturales, y prolífico pionero. Y así, por toda la ciudad.

Puente José Gutiérrez Gómez en la calle 10 con avenida Las Vegas.
Puente José Gutiérrez Gómez en la calle 10 con avenida Las Vegas.

El Concejo de Medellín, mediante el Acuerdo 13 de 2004, quiso rendir homenaje a las mujeres notables de Antioquia, denominando así las siguientes vías: La Avenida 33, María Cano (primera mujer líder política de Colombia). La transversal 35 “Conquistadores”, María Centeno (pionera del empresariado minero). La calle 73, frente al ITM, desde la carrera 75 a la 80, Luzmila Acosta de Ochoa (primera médica psiquiatra de Antioquia). La calle 30 A desde la carrera 70 hasta la 84, Cacica Dabeiba (líder de la tribu catía). La Carrera 70, frente al Aeroparque, desde la 30 A hasta la 80, Judith Márquez Montoya (dejó un legado artístico abstraccionista). La Avenida 80 entre la Calle 30 A y el Puente de la avenida Guayabal, que corresponde a la diagonal 75 B y 79, Jesusita Vallejo (acuarelista destacada). La autopista norte, Simona Duque (heroína que entregó sus hijos para la defensa de Antioquia). La autopista sur Cacica Agrazaba (guerrera indígena).

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A propósito del tema, escribió en estas páginas el inolvidable José Gabriel Baena, el 26 febrero de 2010: “No soy partidario de ponerles nombres humanos a los edificios, pero esta parece ser ‘la tarea más pensadora y fatigosa’ de los políticos de baja estofa”. 

En general, la mayoría de los nombres de las vías en Medellín son conmemorativas del proceso de independencia nacional: un repaso para dar contexto histórico a sus personajes, lugares y referentes citadinos, ahora convertidos en paisaje: Boyacá, Bolívar, Sucre, Ayacucho, Carabobo, Palacé, el Bosque de la Independencia o la plaza de mercado Guayaquil, por citar sólo un puñado. Un Acuerdo, el 77 de 2010, ordenó a la Secretaría de Cultura Ciudadana que levantara avisos, en sitios concurridos, a ver si así se reduce la desmemoria colectiva. ¿Alguien recuerda haber visto alguno?

Aterrizando en El Poblado encontramos nombres que connotan opulencia: Milla de Oro, el Tesoro, El Diamante. Y poder: quebrada La Presidenta, barrio Lleras, El Castillo… Al lado de otros más normalitos, como El Garabato, El Hoyo, El Chispero, La Chacona, la Loma de Los González, El Guamal y Los Molinos, que cargan con el honor de haber sido semilla ubérrima, ya que constituyeron antes que núcleos empresariales, familias de condición humilde. Fueron la génesis de buena parte de los actuales habitantes de la comuna.

¿Y qué nombre le pondremos?

Amén del socorrido santoral a la hora del ejercicio de crismar: Es el caso de San Lorenzo (fundacional, pues así se llamó la primera capilla), que cedió nombre y altar a San José, a partir de diciembre de 1876. También hay un San Luis, San Lucas, El Tesoro La Virgen, Santa María de los Ángeles. Sumado a los apellidos perpetuados en calles como Linares, Los González, los Parra; o antiguos nombres de fincas como Manila, Provenza, Astorga y Patio Bonito, hoy apretadas viviendas y focos de dinámico comercio.

El encopetado barrio El Poblado comenzó con un nombre muy descriptivo, por allá antes de 1616: “El Poblado de indios de San Lorenzo de Aburrá” que evolucionó a “Pueblo San Lorenzo de Aburrá”, precisamente donde nació Medellín, en cuyo parque se levanta una escultura en homenaje al primer poblado del Valle de Aburrá.  Al costado oriental del parque no está la iglesia de El Poblado, sino el templo de San José, construido en 1904.

Capítulo aparte merece la altanera Milla de Oro, descrita por la omnisapiente Wikipedia como “Importante zona comercial y turística, (que) se destaca por sus edificaciones de arquitectura contemporánea, las cuales ofrecen tanto servicios como atractivos paisajísticos de turismo; estas edificaciones ofrecen espacios para oficinas, comercio, hoteles, casinos y almacenes especializados”.

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Pero también, como un inri, ocuparon espacio en la comuna los edificios Mónaco y Dallas, las primeras propiedades de Pablo Escobar, memoria de pólvora que aún no se disuelve. Al primero lo reemplazó el Parque Conmemorativo Inflexión (adiós a nombres de personajes, de hechos, de referentes geográficos) inaugurado en diciembre de 2019, y al segundo el Hotel Viaggio Medellín, en operación desde 2017.

Ahora bien, desde julio de 2009 el antiguo parque Astorga es oficialmente el Parque de la Bailarina Isabel Cristina Restrepo Cárdenas (exponente del ballet clásico de la ciudad, asesinada allí el 15 de junio de 2008). Se trata de un corredor ambiental que une los barrios Patio Bonito y Astorga. Una placa señala su carácter de reparación simbólica.

En 1999 se construyó la biblioteca de EAFIT, pensada como “un gran templo dedicado al conocimiento”. Su nombre: Luis Echavarría Villegas (uno de los fundadores de la universidad).

Los nuevos inquilinos

Más recientemente llegaron a El Poblado para quedarse a vivir en parques ecológicos y en imponente desarrollos viales que aspiran a perpetuar sus memorias, entre otros, Gabriel García Márquez, Lucía de la Cuesta de Londoño, Evelio Ramírez Martínez y Gilberto Echeverri Mejía.

El primero da nombre al ‘parque verde’ que sirve de sede al Canal TeleMedellín: 185 mil metros cuadrados de árboles con variada fauna, y activo desde 2015.

Doña Lucía quedó entronizada en el intercambio vial de la calle 10 con la transversal Inferior, para rendir tributo de admiración a la fundadora de la Federación Antioqueña de ONG y modelo de mujer solidaria. A su turno el doctor Evelio Ramírez Martínez (dirigente político que se destacó por sus virtudes de liderazgo y su valiosa trayectoria al servicio de la ciudad y del país) cede su nombre al puente de la Superior con Los Balsos. Mientras, Gilberto Echeverri Mejía hace lo propio con el ostentoso puente de la 4 Sur, que cruza las avenidas Las Vegas y Regional, la autopista Sur y el río Medellín. Una manera de honrar la memoria del político y líder antioqueño inmolado en 2003. 

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El Tesoro también tiene su cuento, que extractamos de Historias Contadas, edición 17 de octubre de 2005. El territorio así nombrado era la finca de una familia adinerada: los Ángel Santamaría. Ella era sobrina del General Alcántara Herrán. Durante la guerra civil de los Mil Días, delegados de la Casa de la Moneda tuvieron que esconder en alguna quebrada de esa finca el oro que pretendían poner a salvo de las tropas de Mosquera. De allí el reluciente nombre asignado a estas lomas.

Ahora bien, la orgullosa calle 10 se llamaba en sus comienzos Calle de la Estación, porque en el cruce con la carrera 48 albergaba la estación del ferrocarril. Villa Carlota acoge en la actualidad la Calle de la Buena Mesa. Era una hacienda tan extensa que llegaba hasta el río.

Pocos recuerdan que el imponente intercambio vial La Aguacatala (1996) tiene nombre propio: Miguel Zapata Restrepo (referente del radio periodismo antioqueño). El proyecto obtuvo mención de honor en la XVII Bienal Colombiana de Arquitectura, en el año 2000.

Volviendo a la repartija de vías destinadas a rendir tributo a mujeres ilustres, según el Acuerdo 13 de 2004 que reseñamos antes, también le tocó buena tajada a El Poblado. La norma dispuso que la transversal Superior se llamara Luz Castro de Gutiérrez. La Inferior, Blanca Isaza de Jaramillo Mesa. La Intermedia, Benedikta Zur Nieden de Echavarría Misas. Finalmente, La carrera 29, que corresponde a la transversal 7 A, o carretera a El Tesoro, lleva el nombre de María Martínez de Nisser.

Pero el mayor monumento al olvido colectivo que aquí señalamos está representado en el puente Felipe Hoyos A., en calle 12 sur La Aguacatala, sobre el río Medellín. Tan olvidado que ni siquiera la memoriosa Wikipedia nos supo dar razón de la vida, obra y milagros de ingeniería de don Felipe.

Por: Fernando Cadavid Pérez

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