*Por: Lina M. López
Vamos ya transitando por la mitad de la Copa Mundo. La que más equipos ha tenido hasta la fecha (48). Cuando termine esta segunda fase, quedarán en competencia treinta y dos equipos, número de participantes igual a los que iniciaron en Catar 2022.
Argentina, Francia, e Inglaterra han estado a la altura, y Estados Unidos está sorprendiendo a todos con su nivel; los llamados equipos chicos, han dado más de lo que mucha gente esperaba.
Pero más allá del juego, se han producido unas historias que nos confirman cada día que el fútbol va más allá de la estrategia, los goles y la estadística.
Cuando la selección de Cabo Verde se clasificó para el Mundial, muchos tuvimos que buscar su ubicación en el mapa. Nos sorprendió que, por primera vez en su historia (que es relativamente reciente, pues alcanzaron la independencia de Portugal en 1975), un país con alrededor de quinientos mil habitantes y del que pocos en el mundo habían escuchado, se clasificara dejando en el camino nada más y nada menos que a Camerún (con mucha más experiencia en certámenes mundiales y de ingrata recordación para los colombianos, que vimos cómo Roger Milla puso fin a nuestro sueño en Italia 90).
Su debut en este Mundial no era nada fácil, se enfrentaba a una encopetada España que, aún sin su principal estrella como titular, sobre el papel, todos pronosticaban una goleada por parte de los de la Madre Patria. Pero los Tiburones Azules como se les conoce, no solo les plantaron cara a los actuales campeones de Europa y grandes candidatos a llevarse el título en esta edición, sino que se robaron el corazón de la afición a nivel mundial. Luego vino Uruguay y también lograron un valioso empate (aunque comenzaron ganando).
El mundo entero siguió paso a paso el viaje de la mamá del portero Vozinha (que no pudo estar en el primer partido por temas económicos y de visa), para presenciar el encuentro con su hijo y acompañarlo en el estadio en el enfrentamiento con Uruguay.
Independientemente de su destino final en el torneo, los jugadores de Cabo Verde ya son ganadores.
Yan Diomande, delantero de Costa de Marfil, conmovió al mundo al publicar el pasado 17 de junio, una carta abierta a su hermana (fallecida hace un año al ingerir una bebida que alguien había alterado con drogas).
Diomande debutó en 2025 en la primera división del fútbol español con el Leganés, nada menos que en un encuentro contra el Real Madrid, en el que intercambió su camiseta con Mbappé. Actualmente juega en Alemania con el RB Leipzig. En su carta hace un recorrido desde que soñaba con ser figura del fútbol mundial apoyado por su hermana. De pequeño (lo cual no fue hace mucho, pues solo tiene 19 años) le decían Roberto Carlos por lo fuerte que le pegaba al balón (cosa que a él le disgustaba porque en ese momento su ídolo era Cristiano Ronaldo).
“…Confío en el plan de Dios, es todo lo que puedo hacer. No trato de olvidar, porque sé que nunca lo haré. Todo lo que puedo hacer es usar el dolor para trabajar duro y hacer todo lo que soñamos…Escribí esto porque quiero que sepas que me aseguraré de que tú sigas viviendo. Me aseguraré de que todo el mundo conozca tu nombre. El mundo entero… Todo lo que hago en una cancha de fútbol es por ti…”. Es imposible continuar leyendo la carta sin derramar lágrimas.
El conmovedor mensaje del turco Arda Güler a su afición nos dejó a todos con el corazón arrugado. Turquía, que sorprendió siendo uno de los animadores de la Eurocopa 2024, no ha logrado ganar un partido en lo que va del campeonato y todo apunta a que saldrán eliminados en la primera fase. Fue viral en redes la forma como los turcos fueron despedidos con una caravana de carros sobre el puente del Bósforo en Estambul. “Nos sentimos avergonzados, todos jugamos para equipos élite del mundo, debemos ser mejores en esta competencia.” Agregando recientemente que, en su carrera con la selección turca, que ojalá sea larga, pues apenas tiene 21 años, hará todo lo posible para olvidar esta Copa Mundo.
La ciudad de Boston nunca olvidará el paso que por ella tuvo el Tartan Army. Tras veintiocho años de ausencia en un Mundial, los aficionados escoceses, que literalmente se tomaron la ciudad (agotando la cerveza en la mayoría de los bares), fueron despedidos con un mensaje de una página entera en el Boston Globe: “… gracias por la alegría, las gaitas y los recuerdos …. Nunca olvidaremos la alegría que trajeron a nuestra ciudad”. El presidente de los Medias Rojas, equipo de béisbol insignia de la ciudad, se sumó a los agradecimientos en una emotiva carta.
Cuando Lynne Brown y su esposo decidieron ofrecer en venta, vía Facebook a comienzos de junio, la mesa de billar pool que había acompañado a la familia durante veinte años, jamás imaginaron quién sería su comprador. El hotel en el que se concentra la selección inglesa en Kansas City, no lejos de la casa de los Brown, no pudo tener a su disposición la mesa de billar que el equipo había solicitado para que los jugadores pudieran desestresarse en su tiempo libre. Cerrada la negociación, son ahora Harry Kane, Bellingham y sus compañeros quienes la están disfrutando por la módica suma de setecientos dólares.
Sí, puede ser que el fútbol sea una danza de los millones; que la FIFA se esté lucrando cada minuto ideando más formas de explotar la afición por este deporte; pero esta copa mundo nos está demostrando que podemos sorprendernos ante historias como éstas, algunas más profundas, otras simplemente anecdóticas. Historias que nos hacen caer en cuenta de que este juego maravilloso, en el que por noventa minutos (bueno, ahora con la pausa de hidratación son casi cien) te olvidas de todo y de todos, es mucho más que un simple once contra once.




