Este año se va apagando y una noticia se produjo al cierre de esta edición: la iniciativa Medellín Cómo Vamos presentó el informe Medellín se mide: calidad de vida y percepción ciudadana 2025. A través de los años, este informe se ha ido convirtiendo en una oportunidad, gracias a los datos revelados, a la información compartida, a la luz contenida en cada dato.
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El informe es claro en sus hallazgos e interpretaciones:
“No existe un termómetro único para la calidad de vida, pero sí hay señales que nos dicen cómo está y se siente la ciudad”.
En esta oportunidad hay elementos que dan aliento y fuerza para seguir trabajando por esta ciudad que queremos o escogimos. Por ejemplo: “El 63 por ciento de las personas siente que la ciudad va por buen camino”. Y esto es algo para celebrar ya que el optimismo y la tranquilidad se reflejan en ciudadanos más tranquilos y dispuestos a aportar a Medellín y a ver lo bueno en otros.
Entre los desafíos para la ciudad y según la investigación realizada, hay rezago escolar, retos de convivencia y de vivienda y preguntas para resolver en el tema de residuos sólidos. En este último punto y si no hubiera cambios, en 2030 Medellín habrá usado casi la mitad del vaso La Piñuela.
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Entre las ganancias de la ciudad están: una economía más fuerte, menos hambre, un sector cultural y creativo que emplea a aproximadamente 90.000 personas, pobreza que se reduce y una clase media que crece.
Al mismo tiempo hay cifras que nos dejan pensando: el 29.6% de las personas dicen no cubrir alguna de sus necesidades básicas. Y como necesidades básicas entendemos: seguridad, alimentación, bienestar, entre otras. Y también:
“En Medellín, cada vez nacen menos niños, pero los pocos que nacen son cada vez más vulnerables”.
Celebrar los logros es una acción propia de las sociedades sanas emocionalmente. Al mismo tiempo es importante no dejarnos llevar por las palabras ni los entusiasmos esporádicos de algunos datos: en esta ciudad hay mucha gente aún que vive sin seguridad social, sin buen acceso a la salud, sin un salario que le permita pagar su arriendo con tranquilidad, sin acceso a tratamientos de salud mental y sin cuidado adecuado y confiable para los niños y sus familias.
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Los desafíos contenidos en este informe y los mencionados anteriormente deben estar inscritos y presentes en la vida de las organizaciones y de las personas para el 2026. No se trata de promesas, de decir que estamos bien, prometer, de usar la poesía o la belleza de las palabras. Se trata de resolver, de solucionar, de demostrar con hechos que estamos para los otros cuando más lo necesitan. De eso se trata ser buenos seres humanos. Aunque las palabras no se las lleva el tiempo, al final son las acciones las que cuentan.





