Así como cae un castillo de naipes al empujar una sola carta (rápido, inevitable, sin posibilidad de sostenerlo), recuerda María Ángela Mejía el momento en que su vida cambió. Tenía 18 años cuando recibió el diagnóstico.
Esta artista plástica hace parte del 0,4 % de personas diagnosticadas con Parkinson juvenil en el país, según datos de la Fundación Parkinson de Colombia. Ha convivido con la enfermedad por más de 50 años, una condición que también marcó la vida de tres de sus hermanos.
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Su arte es la pintura. Sus primeras obras fueron creadas sobre lienzo: pintura al óleo, acuarela, acrílico y témpera. Con el paso de los años y el avance de su enfermedad, ha explorado otras técnicas: dibujo de bocetos, puntillismo, retrato o naturaleza muerta. El acabado lo hace según la técnica. Por ejemplo, para las obras en caballete le ha tocado recurrir a su boca para sostener el pincel y lograr trazos más finos.
Recuerda que su vida se derrumbó el día en que el médico le entregó el diagnóstico. Se sentía vacía, con miedo y con angustia profunda. Veía cómo las piezas de su vida se derrumbaban una a una. Pero no se quiso detener allí. Tomó decisiones que buscaban resolver el impacto de lo que estaba viviendo. Sentir que seguía con el control.
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Cuando fue diagnosticada estaba por graduarse del colegio y vivía los primeros momentos del amor. Inmediatamente decidió dejar en libertad a su entonces pareja, Eduardo, para que continuara su camino, pero él insistió en acompañarla, aunque fuera desde un lugar más distante. Como él, muchas personas a su alrededor se convirtieron en apoyo para que no renunciara a sus sueños.
Desde siempre, pintar había sido uno de ellos. “En el arte encontré el desahogo a mi enfermedad, a mis malestares; la catarsis de todo aquello que no puedo controlar”, dice. La pintura se convirtió en un lenguaje para expresar lo que el cuerpo a veces no logra decir.
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Recuerda que desde niña le gustaba dibujar. “Nunca imaginé que el arte era lo que algún día me iba a sanar”, afirma. Su estilo ha cambiado con el tiempo: de figuras definidas pasó a trazos más libres, más imprecisos, pero igual de expresivos.
Le gusta pintar bailarinas, dice que dialogan con su enfermedad; pero también animales, personas y escenas cotidianas. “Pinto lo que me surja, trato de ser diversa”, cuenta. Esa misma necesidad de transformar su experiencia la llevó, junto a sus hermanas, a crear hace 20 años Fundalianza Parkinson, una organización que hoy acompaña a otras personas y familias que viven con esta condición. Como en sus cuadros, María Ángela convirtió la incertidumbre en color, y el dolor, en una forma de sanar.
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Sus obras están disponibles para la venta en el número de WhatsApp: +57 312 8224716.





