Manila, el barrio que se transformó en vivienda turística

Si bien el actual POT posibilita el desarrollo de proyectos de vivienda, alojamiento y otros usos en El Poblado, la comunidad pide mayor control. Segunda entrega de una serie sobre este sector. Informe anterior: La turistificación devora a Manila.

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En los años 90 Medellín parecía sumirse en un viaje sin regreso marcado por la violencia. La ciudad figuraba entre las más peligrosas del mundo y pocos se aventuraban a apostar por el futuro de una urbe signada por el miedo.

Por diferentes situaciones, tres décadas después, la capital antioqueña pasó del rechazo global a ser uno de los destinos más apetecidos para inversión extranjera, eventos de negocios y turismo internacional.

Los nuevos edificios de vivienda turística ocupan hasta tres o cuatro predios tradicionales de Manila. Los proyectos se hacen mediante la modalidad de inversión por asociación. Buena parte del capital proviene de accionistas extranjeros.

Ese auge de visitantes extranjeros, que solo para 2024 fue de casi 1.4 millones, según el Sistema Integrado de Turismo – SIT-, desencadenó diferentes fenómenos sociales y urbanísticos que han impactado las dinámicas de algunos sectores de la ciudad, uno de ellos Manila, en la comuna 14.

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Aunque los habitantes más tradicionales de este barrio se resisten a dejar sus casas, saben que su entorno cambió; con resignación admiten el impacto demoledor de la transformación en su vecindario, consecuencia de aquello que los urbanistas llaman gentrificación.

“Vivo en Manila desde hace más de 65 años. Los proyectos hoteleros han valorizado mucho al sector. No nos quisiéramos ir de acá, pero los constructores ofrecen mucho dinero por las propiedades. Las familias venden para mejorar su calidad de vida. Es innegable, tenemos que admitir el cambio”, dice Nora Lucía Lopera Vélez, vicepresidente de Asocomunal de El Poblado.

Decenas de familias fundadoras del barrio han vendido sus propiedades y se han ido de la zona. En todas las calles de Manila hay predios con licencia expedida por curaduría urbana para efectuar intervenciones estructurales y arquitectónicas.

En los albores del milenio, el hostal fue la primera modalidad de alojamiento turístico, que se instaló en el barrio. Un cuarto de siglo después, en este enclave urbano, el segmento de la vivienda turística supera las 70 opciones en todas sus tipologías: hoteles, apartahoteles, hostales, posadas turísticas y alojamientos tipo Airbnb.  

Conforme a ese fenómeno que devora a Manila, a la fecha, diez proyectos más de infraestructura hotelera están en construcción en el sector, y siete predios tienen licencia de curaduría urbana para su intervención.  

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“Más que gentrificación y turistificación se trata de una lógica económica con fuerte capacidad de inversión que está incrementando el valor de las viviendas. Eso hace que las familias se vean sometidas a presiones muy fuertes para vender sus propiedades”, indica Jorge Pérez Jaramillo, arquitecto y exdirector de Planeación de Medellín.

Plan parcial de Manila

En virtud con el Plan de Ordenamiento Territorial -POT-, adoptado por el Acuerdo 48 de 2014, estas intervenciones en el barrio Manila están amparadas dentro del Macroproyecto Río Sur de Medellín, estrategia de renovación urbana que estimula el desarrollo de iniciativas de vivienda, alojamiento y otros usos complementarios del suelo en la centralidad de El Poblado, corredor del río y ejes de movilidad de la zona.

268 casas había en Manila en 2010; hoy, son más los hoteles y hostales que viviendas residenciales.  

Dentro de la ejecución del plan parcial contemplado por la norma, los habitantes del barrio le solicitan a la administración distrital ejercer control sobre los constructores: “Ellos no socializan previamente sus proyectos con la comunidad, son grandes edificaciones sin parqueaderos, lo que satura de vehículos las calles del entorno. Los antejardines los llenaron de decks (superficies de madera sobre el terreno) y por las aceras no se puede caminar porque están copadas de avisos y sillas; y nadie regula”, dice Nora.  

Expertos en planeación urbana coinciden con este reclamo de la dirigente comunitaria de Manila. “Lo que ha ocurrido en la ciudad, en los últimos 10 años, es que el POT se ha gestionado e implementado muy parcialmente. El problema del plan no son las modificaciones, sino la gestión y gobierno del mismo plan. Nos ha faltado control urbanístico, ambiental y regulación general del desarrollo inmobiliario en los barrios”, explica Pérez Jaramillo.

La vivienda tradicional de este barrio, fundado en la década de los años 30, está desaparecido para darle paso a estructuras de cinco o seis pisos que se destinarán al alojamiento temporal, gastronomía y turismo de negocios. 

Ante las inquietudes de los residentes de Manila, por la sobresaturación de proyectos de vivienda turística, desde el Departamento Administrativo de Planeación -DAP- de Medellín, se indicó que el barrio Manila será objeto de análisis para evaluar la pertinencia de mantener la norma actual, que ha permitido el desarrollo generalizado de proyectos de alojamiento en el sector.

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Los procesos de licenciamiento urbanístico están reglamentados por norma nacional. El distrito no regula ni es intermediario en estos trámites. Este aspecto corresponde a las curadurías urbanas, instancias que se encargan de verificar el cumplimiento de las normas por parte de los constructores. 

Vivienda turística: normas

Acorde al DAP, las nuevas edificaciones destinadas para esta actividad deben cumplir con el uso del suelo del POT, reglamentación específica de Medellín contenida en el Decreto 471 de 2018, Norma Técnica Sismo Resistente (NSR-10) y reglas nacionales: Ley 300 de 1996 (Ley General de Turismo) y Norma Técnica Sectorial NTSH 006, que define las condiciones de funcionamiento de los alojamientos en sus tipologías.

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