Yo sabía que existía y seguro sí, la había visto pero no de la manera en que la vi esta vez. Fui al evento de inauguración del Hay Festival en Medellín –@hayfestival-esp– en la plazoleta de SURA, invitación de la @fundacionsura. Se iba a presentar el Ballet Folclórico de Antioquia –@bfdacolombia-, una agrupación que hace años no veía, que me había parecido muy destacada siempre y con la cual guardo muchos bonitos recuerdos.
Llegué por la avenida Colombia, caminando y seguí uno de los caminos que lleva a la plazoleta. Descubrí un jardín impecable, sillas en concreto en muy buen estado, llenas de personas que disfrutaban entre arbustos y flores, el almuerzo que habían llevado desde su casa . Dos señores jugaban al ajedrez. Cuando se terminó el camino, imponente estaba el Monumento a la vida de Rodrigo Arenas Betancourt. Lo vi altivo, contundente, hermoso, reflejado en ese espejo de agua. El cielo estaba azul y las nubes formaban ligeros algodones como un paisaje impresionista. Estaba en medio de varias sedes de empresas de SURA, edificios apenas más altos que el mismo monumento.
El conjunto se veía perfecto.
La escultura, leí después, fue inaugurada en 1974. Es una figura helicoidal que incluye varios materiales como el concreto y el bronce y que requirió un apoyo crucial de Jaime Muñoz Duque, Premio Nacional de Ingeniería 1971, para hacer el cálculo de una estructura que fuera suficiente para sostener esta idea de mostrar cómo nace la vida, desde la muerte simbolizada por una calavera que está justo en el agua. Luego va mostrándose el vientre de una mujer, sus pechos, el maíz, símbolos del alimento en toda Latinoamérica, el rostro y finalmente un hombre que alcanza las estrellas.
Cincuenta años después el monumento luce impecable.
El Ballet Folclórico realizó una presentación basada en la escultura. Un homenaje. Cuerpos ágiles y fuertes mostraron la evolución de encuentros, de razas, la vida que nace de las diferencias y del amor. Los bailarines construyeron la forma helicoidal con el fondo perfecto de la escultura referenciada.
Armonioso, impresionante.
Algunos trabajadores que descansaban en su hora de almuerzo del duro trabajo en una reforma en el edificio más cercano a la tarima salieron al balcón y vieron curiosos esos movimientos, los cuerpos bien formados que parecían desnudos con trusas color piel. Podía ser la primera vez que veían un espectáculo como ese. Entre el público, un señor con gorra deportiva aplaudía con entusiasmo, una y otra vez, con sus manos sobre su cabeza. Para mí esas miradas y esas expresiones exaltadas frente al arte significaron el premio de haber asistido a esa invitación. El descubrir desprevenido de la obra que un artista comparte. La mirada fresca de alguien que simplemente ve y siente, degusta y aprecia sin juzgamientos racionales.
Todo esto me hizo pensar en esas expresiones culturales, una escultura, una pintura, una obra de teatro, una oferta en esa librería que tenemos cerca y que quizá no sabíamos qué ofrece. En ciudades como la nuestra, cuántas veces somos ajenos al arte como a la vida, que nos pasa de lado, sin percatarnos, la mayor parte del tiempo. Podemos cambiarlo, mirando mejor, leyendo la placa de la escultura por la que siempre pasamos, entrando a esa obra que se exhibe año tras año y que nunca hemos visto.
Ahí el arte, sigue para nosotros.
- En febrero comienzan las agendas de las entidades culturales. Vale la pena darse la oportunidad de ver propuestas como las Veladas teatrales que presenta Casa Taller Teatro –@casatallerteatro-. Variaciones sobre el miedo uno es un monólogo que vi el año pasado que vale mucho la pena. También estarán en temporada, y no me las he visto, Mestiza de Casa Taller; En la diestra de Dios padre de Escena3, y 50 puntos, memoria de una teta ausente de Beatriz Duque. Estas propuestas se presentan en un apartamento en Laureles que literalmente abre su sala acondicionada con luces y tramoya para las puestas en escena. El Teatro Matacandelas –@teatromatacandelas– mostrará En el espectro visible junto con algunos de los músicos de La Pascasia –@lapascasia-, una muestra de teatro, títeres con la música en vivo, muy interesante y entretenida. Además, una de sus obras de culto, Oh Marineiro, que vale la pena ver y repetir. La Filarmónica –@filarmed– hará su concierto de temporada número uno con Fanfarria para la mujer poco común de Joan Tower, Río abajo de Juan David Osorio y Sinfonía número 1 Titán de Gustav Mahler. También están anunciando un montaje para atraer a públicos adolescentes, el tributo a Las guerreras K-pop. Oportunidades para todos los gustos, a precios que no exceden el valor de una hamburguesa y con descuentos permanentes, para que no haya excusa para ensayar.





