Por: Analucía Isaza
Hay historias que están hechas para ser contadas una y otra vez. Son tan fascinantes que siempre serán atractivas para los creadores. La pasión de Cristo es, sin duda, una de ellas y por supuesto, los titiriteros de Manicomio de Muñecos sobrepasan el reto en su obra Semana Santa con Bartolito.

Hace días no disfrutaba tanto esta historia conocida, al punto que logré momentos reales de conexión con el misterio que rememora la iglesia católica y que nunca había discernido de la forma como lo hice en esta oportunidad ni siquiera en años de asistencia a procesiones y ceremonias de Semana Santa.
Como siempre, la técnica de los títeres de guante de este tradicional grupo de Medellín es impecable. El vestuario, la caracterización de cada personaje, y especialmente de las multitudes, son sensacionales. La escenografía, la música que sirve de transición es sobria y definitivamente, la forma de contar la historia, con respeto y ternura, además de un poco de humor para hacerla más cercana, es de destacar.
Luego de ver esta presentación reitero que los títeres no son exclusivos para niños. Son una estética válida que, como en este caso, puede contar cualquier tipo de relato y que cautiva a grandes y chicos, que quieran vivir la experiencia, al lograr que unos muñecos que no gesticulan y que son “estáticos”, expresen emociones y sentimientos a través de una mano invisible que les da vida. En esta técnica utilizada, guiñol francesa, el titiritero utiliza su índice para sostener la cabeza y sus dedos del corazón y pulgar para mover las manos del muñeco. Doblando su muñeca se le da el movimiento de la cintura, y solo con ese básico ‘engranaje’ se le da vida, se anima, dándole alma, a ese ser antes inerte.






Semana Santa con Bartolito se presentó el pasado fin de semana, 27, 28 y 29 de marzo; y también estará en función del 1 al 5 de abril (de miércoles a domingo, días Santos), a las 7:00 p. m., y el sábado a las 5:00 de la tarde y domingos a las 11:00 de la mañana.
Todas las presentaciones son en la sede del grupo, calle 32 EE 82 A-26, en el barrio La Castellana al occidente de Medellín. El teatro es una acogedora casa meticulosamente adecuada que tiene sala de espera llena de juguetes y donde todo está hecho a la medida de su público. Hay descuentos, ofertas para compra de varias boletas y además un atractivo sistema de fidelización tipo álbum para asistir las presentaciones de Manicomio de Muñecos a lo largo del tiempo, que motiva a los chiquitos que se vuelven concienzudos seguidores.
Una oportunidad para ver otra versión de La pasión de Cristo, desarrollada con respeto, ternura y con un lenguaje, el de los títeres llevados a escenas por un agrupación de más de 50 años de experiencia, que puede acercar al niño a estos misterios de la religión en la que fuimos educados y descubrir, como en mi caso, muchos años después, como adulta, conexión y entendimiento de esa historia que había visto una y otra vez.





