“En el desierto tenés una pistola con una bala, te sueltan a correr a Petro y a Daniel Quintero, ¿a quién le das la bala?”, fue la pregunta que, jijijí, jajajá, la fugaz Señorita Antioquia, Laura Gallego, formuló a dos precandidatos a la presidencia. Los video clips, anteriores a su elección, se hicieron virales durante el reinado que no duró nada. Por cuenta del rechazo general y de la falta de respaldo del Concurso de Belleza, se vio obligada a renunciar a la corona antes de haberla guardado en el armario. Y, famosilla de ocasión -aquí los cuartos de hora duran un minuto-, nos puso a hablar de ella. (Así no, mi ciela; tan bonita y tan desatinadita).
Lea más columnas de Adriana Mejía aquí >>
La sola pregunta -las respuestas serán juzgadas por los electores-, típica de una de las tantas (tantos) influenciadores que creen ser periodistas porque tienen seguidores con pulgares hacia arriba, evidencia la bajeza a la que se ha llegado en la discusión pública. Sobre todo, en los tiempos preelectorales que corren. Con apariencia de chiste flojo y desafortunado –“y un cachazo pa´ Petro, pues, al menos”, complementó la joven lo dicho por el que reservó la bala para Quintero-, la interrogante no es inocente; refleja la normalización de la violencia; la intolerancia que, como mancha de aceite, se ha regado en el ambiente nacional, tan enrarecido que está. (¿Semejante manera de “participar en política” la aprendió en la casa, en la universidad?)
Lea también: Columna Fó
Laura Gallego, como usted y como yo, está en todo el derecho de tener opiniones políticas, de expresarlas en voz alta e, incluso, de discutirlas con vehemencia. No hay que tener miedo a la polémica. Sólo que tomar posición en contra de alguien o de algo, no es lo mismo que insultar o golpear o disparar o “destripar”. (Les sería de gran utilidad -a ella, a la Cabal, a Benedetti, a Petro, a Quintero, a de la Espriella, a un tal Wally, a una tal Lalis y a un montón de otros lengüisueltos pasarse por la Fundación Resuena para que se enteren de qué es la comunicación no violenta).
Supongo -de reinados no sé ni mu-, que a la ex Miss no la invitaron a renunciar por ser “una mujer con criterio, con una trayectoria de activismo cívico y con una voz política”, sino por la agresividad que destilan los mensajes -este, al menos- que constituyen lo que ella llama “voz política”. Así no, mi ciela. Bájele un cambio a la carga explosiva con la que pretende marcar territorio en el cotarro capitalino -ni siquiera se ha graduado-, y acepte que sus métodos de activista pueden ser controvertidos por lo que son; no porque usted sea mujer. El asunto de género no ha lugar en este caso. Ah, y nadie, excepto usted, ha hablado de “mordaza”. Menos soberbia y más autocrítica. Menos odio y más humanidad.
Únase aquí a nuestro canal de WhatsApp y reciba toda la información de El Poblado y Medellín >>
ETCÉTERA: Entre las muchas reacciones, la mayoría impresentables -es la talla del debate que tenemos-, me encontré con una que otra de apoyo politiquero. Me llamó la atención, por ejemplo, la que Marta Lucía Ramírez publicó y borró: “Esa es una colombiana empoderada. ¡Nunca más las mujeres lindas como decoración y su criterio silenciado por órdenes superiores!” Por favor precandidata, ¿de verdad cree que para ser colombiana empoderada hay que hablar de esa manera? ¿Y si hubiera sido usted una de las que Gallego soltó a correr, qué? Así no, mi ciela.





