La carrera por la supremacía en la IA: “un juego de tronos”

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En el dinámico mundo de la tecnología, el liderazgo puede ser un diferenciador más significativo que el mismo capital o los recursos científicos disponibles. Esta verdad se hace especialmente evidente al observar la evolución de la inteligencia artificial (IA) a través de las historias recientes de compañías como DeepMind, OpenAI, y Anthropic, que han surgido no solo por la visión de sus fundadores sino también por los pulsos de poder, los vastos recursos y las diferencias de visión de los grandes jugadores de la industria de la tecnología como Elon Musk, Larry Page (Google), Satya Nadella (Microsoft), Mark Zuckerberg (Meta) y hasta el mismo Bill gates, solo por nombrar algunos. 

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La creación y transformación de estas entidades no solo reflejan avances tecnológicos que no dejan de asombrarnos, sino también intensas luchas de liderazgo y visiones competitivas.

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Comencemos con DeepMind, una empresa británica de inteligencia artificial fundada en 2010 por Demis Hassabis y  Mustafa Suleyman. DeepMind rápidamente se destacó por su enfoque avanzado en el “Deep learning”, sorprendiendo al mundo por la forma como la máquina aprendió y le ganó al campeón mundial del milenario juego “GO”, atrayendo así la atención de Google, que adquirió la compañía en 2014 por más de 500 millones de dólares. Esta adquisición no solo fue un movimiento estratégico para Google, sino también un reconocimiento del liderazgo visionario de Hassabis y su equipo, quienes continuaron operando con un grado considerable de autonomía y con un acuerdo de conformar un comité externo de ética para que su tecnología no fuera usada indebidamente

Al mismo tiempo, Google logró luego de una subasta (literal), contra grandes como Meta y Microsoft, contar entre sus filas con Geoffrey Hinton, conocido como el “padrino de la IA”, por su trabajo pionero en redes neuronales. La colaboración entre DeepMind y el equipo de Hinton parecía augurar un futuro donde Google dominaría el campo de la IA con facilidad,  teniendo en cuenta su amplio acceso a la información del mundo. Sin embargo, las cosas en el terreno de la tecnología son raramente tan lineales.

La historia dio un giro interesante con Elon Musk, quien, preocupado por las implicaciones éticas y los riesgos de la IA, tuvo diferencias notorias con su amigo y socio Larry Page de Google. Musk temía que la concentración de poder en IA en manos de unos pocos pudiera llevar a escenarios distópicos. Como resultado rompió relaciones con Page y se alió con Sam Altman, entonces presidente de Y Combinator, para fundar OpenAI en 2015 invirtiendo 1.000 millones de dólares, con la misión explícita de garantizar que la IA beneficie a toda la humanidad.

OpenAI comenzó como una organización sin fines de lucro, pero las tensiones sobre cómo escalar las soluciones de IA, junto con la necesidad de financiación para investigar y desarrollar tecnologías avanzadas, llevó a Altman a transformar parte de OpenAI en una empresa con ánimo de lucro. En este momento nuevamente Elon Musk entra en desacuerdo y se retira de OpenAI y hoy apuesta por su propia versión con X.ai. Esta decisión marcó, entonces, el comienzo de una alianza de Altman con Microsoft, que invirtió 10.000 millones de dólares en la compañía, evidenciando cómo las visiones de liderazgo influyen directamente en las trayectorias empresariales.

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Este cambio en OpenAI por otro lado incitó a Dario Amodei, exvicepresidente de investigación en OpenAI, a fundar Anthropic, también enfocada en la seguridad y ética de la IA, pero bajo un nuevo liderazgo y con una nueva visión. Hoy Anthropic ha recibido financiación de Amazon por 4.000 millones de dólares y es uno de los competidores más prometedores. Estos movimientos ilustran una industria en constante evolución, donde las alianzas se forman y reforman alrededor de liderazgos y visiones cambiantes.

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El caso más reciente de luchas internas en el liderazgo se ha visto en la propia OpenAI, donde desacuerdos en la junta directiva sobre la dirección futura y la gestión de las nuevas tecnologías, como GPT-4, han causado tensiones significativas. Estos conflictos subrayan que, en la carrera por la IA, el liderazgo visionario es tan crítico como la innovación tecnológica.

En la narrativa del impacto del liderazgo en la evolución de la inteligencia artificial, el caso de Satya Nadella y Microsoft destaca como un ejemplo emblemático de cómo una visión clara y estratégica puede compensar una entrada tardía en la carrera tecnológica y llevar a una empresa a una posición de liderazgo. Bajo la dirección de Nadella, Microsoft ha hecho de la IA un pilar central de su estrategia, a pesar de no tener desarrollos propios de IA inicialmente comparables a los de Google o los avances en aprendizaje profundo de DeepMind.

Nadella ha liderado Microsoft con un enfoque en la integración y democratización de la IA a través de su extensa plataforma de servicios en la nube, Azure, y sus aplicaciones de productividad como Office 365. La alianza con OpenAI ha sido un movimiento estratégico clave, permitiendo a Microsoft integrar capacidades de Inteligencia artificial avanzadas en sus productos y fortalecer su posición en el mercado.

Mientras tanto, Google, a pesar de poseer DeepMind y tener acceso a uno de los pioneros de la IA, Geoffrey Hinton, y ser el lugar de nacimiento de los modelos “transformer” que han revolucionado el procesamiento del lenguaje natural y la creación de la IA Generativa, ha enfrentado desafíos para convertir su dominio técnico en un liderazgo claro en la industria de la IA

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Y, ¿nadie habla de Apple? Ha sido todo un misterio, resulta que de manera silenciosa ha venido comprando más que nadie otras compañías enfocadas en IA , ha creado un laboratorio secreto en Suiza y está contratando personas claves en la industria. Según su CEO, Tim Cook: “Tienen ventajas competitivas únicas que los diferenciarán de los demás”. Tendremos que esperar en los próximos meses sus anuncios.

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De toda esta historia que fácilmente podría escribirse en una versión moderna de juego de tronos  quedan muchas reflexiones : ¿En el juego empresarial son  más importantes la visión y la capacidad de ejecución que los mismos recursos ?  ¿Qué tan alineados están los principios y la sostenibilidad con los intereses económicos de las empresas que dominan el mundo? ¿La diferencia de opinión y puntos de vista son motores de la innovación? ¿Tendrá el mercado la capacidad de autorregularse para hacer de la IA la plataforma que impulse positivamente a la humanidad?

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