Todos podemos ser Karonte

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De cómo aprender a abrirle espacios en nuestra vida a temas como el morir, la muerte y el duelo nos ayudará a vivir una vida sana física y mentalmente.  

Karonte, en la mitología griega, era el barquero que ayudaba a las almas a pasar de la vida a la muerte a través del río Aqueronte. Pero también es un programa que se dedica a dar “asistencia y educación en el arte de la transición (muerte) y el duelo.”

Silvia Helena Valencia Madrid, trabajadora social (1985) de la Universidad de Antioquia, es su coordinadora: “Por más de 20 años me he dedicado al tema del morir, la muerte y el duelo, mediante Karonte, que es un programa asistencial-terapéutico y educativo en el arte de la muerte y el duelo”. 

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De 1985 a 1990 trabajó en la empresa privada. Y en 1990 nació Karonte, a la vez que empezó a trabajar con la Funeraria Medellín; “de ahí partió, junto con la parte comercial, la labor investigativa y de proyección a la comunidad acerca de estos temas, al inicio con los empleados de la Funeraria. Allí estuvo 10 años (1990-2000). A partir de 1998, con un programa asistencial y educativo. “En este lugar tenía que evaluar el servicio a las familias… y yo decía, Dios mío, tanto dolor a causa de la muerte. Es que hay que empezar a verla con otros ojos…”.  

Estos temas que hoy domina, Silvia Helena se dedicó a estudiarlos por su cuenta, porque no había ni especializaciones, ni cursos, ni nada parecido en aquel tiempo. Así “conoció” a la que llama su maestra, Elizabeth Kübler-Ross (1926-2004), psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, “una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos”.  

“Estamos inscritos en una sociedad negadora y rechazadora de la muerte”.

Durante 14 años (1998-2012), Silvia Helena tuvo un programa educativo de radio por la emisora de la U. de A. y por la emisora virtual Altaír, y como resultado de esos programas existe un libro virtual, de acceso libre en internet: http://asionline.com.co/~karonte/ . También fue profesora de cátedra en Medicina, de la U. de A., por nueve años (2003-2012). El tema, Muerte y duelo. Y ha escrito tres libros. Semilla de amor (1999), editado por Funeraria Prever; La muerte, esa sabia alquimista (2003); y Ensayos acerca del morir, la muerte y el duelo (2004-2015).

La conciencia de que somos finitos

El programa Karonte busca ampliar la visión sobre el morir, la muerte y el duelo; enseñar a que tengamos conciencia de que somos finitos; a aprovechar al máximo el día a día; y a asistir con conciencia a nuestros propios duelos, que no solamente se refieren a la muerte real o próxima; también los duelos pueden ser por una quiebra económica, una ruptura amorosa, quedarse sin empleo o abandonar un rol o un estatus… 

Karonte trabaja en varios niveles: personal, grupal, familiar e institucional. El que Silvia Helena ha realizado en más ocasiones es el institucional, de carácter educativo, mediante charlas magistrales, cine foros y talleres. “Las películas, por ejemplo, tienen un alto contenido educativo y sanador”. Violines en el cielo, película japonesa de 2008, ganadora del Óscar a la mejor película extranjera en 2009, “trabaja la importancia de los ritos de paso frente a la muerte y el duelo. Un nodo sanador importantísimo en un proceso de duelo, para las familias. Una misa de réquiem, una cena familiar, sembrar un árbol…”.

Silvia Helena Valencia se ha dedicado a estudiar, divulgar y a acompañar individuos y grupos que pasan por un duelo, no necesariamente relacionado con la muerte de un ser querido.
Silvia Helena Valencia se ha dedicado a estudiar, divulgar y a acompañar individuos y grupos que pasan por un duelo, no necesariamente relacionado con la muerte de un ser querido.

Al respecto, menciona una investigación de Sandra Turbay llamada Ritos fúnebres en familias indígenas colombianas. “Cuando moría una persona de una de estas comunidades, con las que ella convivió mucho tiempo, hacían rituales, diariamente, durante un mes: cenas funerarias, juegos, canciones, bailes…”

Llorar, hablar y compartir

Entre muchos otros de sus trabajos institucionales, aparte del de la Funeraria Medellín, Silvia Helena coordinó Fénix, un grupo de acompañamiento del duelo, con el Fondo de empleados del Éxito, durante cinco años. Y estuvo 14 años (1989-2003) en Comfama, “donde se hizo un programa de duelo bellísimo”. 

El trabajo personal, grupal o con las familias, cuando no tienen un duelo por elaborar, es muy escaso, dado que “estamos inscritos en una sociedad negadora y rechazadora de la muerte, donde lo que prevalece es el culto a la belleza, al dinero, al poder… Esta cultura no ofrece herramientas para enfrentar la muerte y el duelo. Y si nos guardamos los duelos, y no los procesamos, eso va a generar problemas físicos, psíquicos, etc.”.

¿Y cómo niega nuestra sociedad la muerte? Cuando estás llorando o queriendo hablar mucho sobre una persona que se te ha muerto, y viene tu mejor amiga y te dice, no llores, mejor vámonos para cine. O cuando te dicen que no hables tanto de él, que te vas a volver loca. Loca te volverá si no encuentras unas orejas bien grandes para que te escuchen hablar o un abrazo amoroso para poder llorar.

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A pesar de estar imbuidos en una sociedad que prefiere negar la muerte, es importante crear los espacios terapéuticos de duelo: “Llorar hasta que seque el pozo de las lágrimas”. Hablar: “La vía regia es la palabra del doliente. Hablar aclara, precisa, libera. Y cuando la familia o el grupo va hablando, se le van dando herramientas teórico-prácticas”. Y compartir. “Dolor compartido es dolor diluido”. 

Y en la medida en la que abramos nuestros corazones a estos temas, no solo seremos más sanos, sino que podremos encontrar claves para aprender a ser Karonte, es decir, a ayudar a otros a pasar de la vida a la muerte de una manera “consciente, digna y libre”. 

La muerte digna, que es no al encarnizamiento médico, no al sufrimiento de moribundo, no es eutanasia ni homicidio por compasión.

“En nuestro contexto se llama Ortotanasia: dejar que la madre natura opere en la enfermedad del vehículo físico, y asistir, acompañar, brindar cuidados paliativos, psicológicos, espirituales…  En nuestro medio es muy escaso ese tipo de asistencia para una muerte digna. Por ejemplo, que una trabajadora social como yo sea llamada para asistir emocionalmente y dar herramientas para activar ese arquetipo de Karonte en las familias, es muy escaso. En los 20 años que llevo trabajando esta línea, ha sido muy escaso ese tipo de atención”.

“En este tiempo de pandemia es preciso buscar espacios para drenar nuestro duelos, no dejarlos encriptar,  para mantener la salud mental y física”. 

En plano cerrado 

Ya en el plano personal, Silvia Helena cuenta que después muchos años de trabajo se tomó un sabático de cinco años en Jericó, entre 1995 y 2000, que aprovechó para desconectar. Otros descansos más cortos durante todo su recorrido, los ha aprovechado para estar con grupos espirituales, de meditación, y en grupos de teatro y de danza.

Le gusta leer, tejer, meditar, caminar, el campo… “Creo que tengo un camino con corazón que lo he construido por muchos años, a partir de investigación y prácticas permanentes con las familias, y de todo corazón quisiera compartir y apoyar a personas y familias, y creo que es buena hora, porque estamos en una situación mundial que lo amerita. No podemos seguir tapando el sol con un dedo. Yo creo que es importante hablar sobre la muerte, hablar sobre las pérdidas, hablar sobre lo que nos derrumba, sabernos vulnerables, sensibles…”. 

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