Expandir la consciencia, un acto político

If you’re not angry, you’re not listening” —si no estás enojado es porque no estás escuchando— gritaba una joven en una manifestación que se dio al frente de la Casa Blanca en Washington D.C. Protestaba contra el presidente Trump, acusándolo de retrocesos graves en derechos humanos, en compromisos ambientales y en el respeto por los gobiernos del mundo. Habló brevemente de algunas tragedias que están sucediendo y que, para ella, se atribuyen a las políticas de Trump. Me conecté mucho con sus palabras porque últimamente, a medida que me informo y expando mi consciencia acerca de distintos problemas del mundo, también he sentido mucho dolor e impotencia.

¿Trump no está escuchando? ¿Trump o sus millones de simpatizantes no están observando? o ¿será que están observando otra cosa? Me incliné por esta segunda opción, pues creo que todas las posturas extremas te hacen perder una buena parte del panorama, pero no te ciegan. Trump no desconoce los acontecimientos del mundo, sino que su sistema de creencias, su pauta explicativa, lo hace enfocar su atención solo en una parte, aquella que le interesa, tal como nos sucede a todos nosotros. La pregunta que siguió para mí fue, entonces ¿qué determina dónde enfocar la atención, cuando se trata de políticas que impactan a tanta gente?

En 2019, el psicólogo Adam Waytz y otros colegas, publicaron un estudio en el que retomaron el concepto de “círculo moral”, como la frontera mental que trazamos para este grupo de otros seres que merecen nuestra compasión, cuidado, respeto, protección o amor; y lo conectaron con la postura política. Encontraron que aquellas personas que se identificaban con ideologías más liberales, o de izquierda, tendían a incluir a más personas —y seres— dentro de su círculo moral, no solo su familia o su país, sino también personas extranjeras, minorías, animales y el planeta. Por el contrario, quienes se identificaban como más conservadores, o de derecha, tendían a concentrar ese cuidado en círculos más estrechos y locales. 

Los extremos del círculo moral son: el “Universalismo”, es decir, amar a toda la vida en el planeta, creerla merecedora de mi compasión y atención y el “Parroquialismo”, que se refiere a amar y cuidar exclusivamente a mi círculo íntimo. En una columna anterior compartí una definición de la consciencia: la cantidad y calidad de información con la que cuento para tomar decisiones, de tal modo que incremente mi bienestar y el de mis grupos o personas de interés. Poniendo las cosas así, pareciera que la consciencia tiene, también, estos dos extremos: totalmente expandida (universal – de izquierda) o contraída (parroquial – de derecha), dependiendo de a quienes me interesa incrementar el bienestar con mis decisiones. 

La realidad es que nuestra atención es limitada y, en un mundo que nos propone infinitas distracciones, es valiente definir aquellas personas o grupos de interés en quienes queremos enfocarnos; decidir por el bienestar de aquellos seres que más nos importan. Para una persona puede ser su pareja, sus amigos, su familia, incluso sus vecinos; para una empresa pueden ser los trabajadores, sus familias, los clientes, las comunidades en las que la empresa opera, los gobiernos con los que interactúa y los ecosistemas que impacta. Una decisión puede incrementar el bienestar de alguno o alguno de esos grupos, pero no de todos al mismo tiempo. Perseguir este segundo escenario nos genera una presión sin sentido que solo podríamos liberar si resolvemos todos los problemas de la humanidad. 

Aunque no podemos salvar el mundo con cada decisión, expandir la consciencia sí es un acto profundamente político, si somos capaces de considerar al otro y a lo otro. Podemos empezar por dos prácticas muy simples: entender que quien piensa diferente a ti, también escucha y observa, pero lo hace con otro círculo moral; y segundo, tomar decisiones que incrementen el bienestar de las personas o grupos de interés que sean más importantes para ti, pero siempre preguntándome ¿a quién más afecta esta decisión y cómo?, ¿qué puedo hacer para que esta decisión no perjudique a nadie ahora ni en el futuro?. Amar es decidir a quién cuidar y, en una sociedad que funcione, ese amor debe traspasar el espejo.

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