Entrenar el cerebro

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El cerebro cambia. La personalidad también. Eso que hemos creído inamovible es, en realidad, posible transformarlo. Ahora lo sabemos. La doctora Ana Ibáñez, neurocientífica, ingeniera química, ex nadadora de alto rendimiento, piloto de helicóptero, escritora del libro Sorprende a tu mente y directora de Mind Studio (centros de entrenamiento cerebral, en España), participó recientemente en Aprendemos juntos 2030, una iniciativa maravillosa del BBVA. 

En su episodio, la doctora cuenta que su trabajo comenzó hace más de quince años y ha estado enfocado en la investigación y desarrollo de entrenamientos cerebrales para el alto rendimiento deportivo y ejecutivo. El episodio se llama Secretos de la neurociencia y se encuentra en YouTube y Spotify.

Según la doctora, es la mente la que nos permite ver un mundo de oportunidades o vivir en uno de amenazas. Un cerebro que frente a la novedad se paralice, en vez de buscar en el hipocampo una solución, es un cerebro que debemos entrenar para que pueda, no solo recordar momentos pasados de incomodidad o incertidumbre, sino que además comprenda que, ante esos escenarios, él es capaz de superarlos y no tenga siempre un afán de supervivencia.

“Cualquier cerebro, si se lo propone, puede ser escultor de sí mismo”, dice la doctora Ibáñez.

El episodio es revelador. De todo lo que la doctora expone, me gustaría resaltar algo: “nuestro cerebro, para cambiar, necesita estar incómodo. De la comodidad, nuestro cerebro cambia poco porque una cosa que le gusta al cerebro es automatizar procesos”. 

Actualmente se está descubriendo que, si queremos aprovechar el mejor lugar cerebral para cambiar, debemos ponernos en situaciones incómodas, inesperadas o desconocidas; estresarnos un poco, hacer algo que, de manera natural o habitual, quizás no lo haríamos.

Cuando estamos en contextos o circunstancias inéditas para nosotros, esculpimos nuestro cerebro, pues éste comienza a buscar respuestas, recuerdos, caminos e información para lograr adaptarse a esa nueva situación y, además, te da una respuesta clara y esperanzadora: “¡con esto puedes!”. Y es ahí cuando ocurre la magia en mente, cuerpo y espíritu. Es por ello que aprender algo nuevo, buscar escenarios emocionantes y retadores, entre otros aspectos, hace que tengamos un cerebro activo, cambiante, flexible. Un cerebro sano.

La cultura es un escenario perfecto para que nuestro cerebro se ejercite y entrene. Cuando vamos a espacios que nos generan preguntas; cuando tenemos conversaciones estimulantes en ese club de lectura; cuando participamos de talleres de pintura, bordado, collage, cerámica, en fin; cuando aprendemos otro idioma, a bailar un ritmo atrevido o a tocar un nuevo instrumento, nuestro cerebro se mueve.

Ponernos en estas situaciones no siempre es fácil o sencillo. Es humano. Sin embargo, si a medida que pasan los años nos quedamos en el mismo lugar conocido, como hibernando, nuestro cerebro también hiberna y se apaga. Comienza a creer que allá afuera de la cueva siempre habrá una amenaza de muerte.

El arte, creo, es una de las herramientas más poderosas para transformarnos en este sentido. Me encantaría conocer a la doctora y conversar con ella sobre esto. Por ahora, invito a los y las lectoras a que se animen a incomodarse, a aprender algo nuevo, a despertar la curiosidad, a crear nuevos vínculos y a descubrir más personas. Que entrenen su cerebro en pro de un bienestar. Un cerebro sano es también el camino a la longevidad.

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