Mirar en retrospectiva los últimos 12 meses. ¿Qué pasaba el 21 de enero? y ahora cerca del 21 de diciembre estoy acá, sentada en la cama, descubriendo no cuánto he hecho, sino cuánto me he permitido sentir.
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Sentir por primera vez, verme principiante, siempre principiante, y a la vez hacedora de mi propio camino. Cuánto me he permitido amar, abrazar la incertidumbre con la certeza del camino del corazón. Es bonito cerrar ciclos, porque permite tomarse un ratico para parar, bajar las revoluciones, y sólo respirar, para recordar, también para soñar.
Hace poco menos de una semana estuve en un ritual de cierre de año con mi maestra de yoga Anaisa, una práctica retadora porque me invitó a callar el ego, y escuchar la simpleza del corazón. De allí dos palabras se revelaron entre el cacao y la meditación: pureza y dulzura, y me vi con el pecho abierto no sólo para agradecer, sino también para ser yo misma.
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Gracias 2025 porque me has entregado amor en forma de esperanza, me has regalado la pureza en los ojos de los jóvenes del Colegio Nueva Paideia, me has mostrado que mi voz es también mi propio cuerpo en movimiento en ese rectángulo sagrado para mi alma que es el mat de yoga. Me has mostrado que puedo compartir lo que soy y lo que me mueve con presencia, honestidad y entrega.
Gracias 2025 porque me has confirmado la belleza de un hogar que se sigue nutriendo con buen entendimiento, donde prima la palabra, la alegría, el disfrute y que este año trajo como regalo la presencia de una joven adulta (la hija menor de mi esposo) que ha sabido compaginar con fluidez en esta nueva vida cotidiana de tres. Gracias Cande por ser belleza, dulzura, sensibilidad. Gracias Guri por ser la manifestación del amor en pareja.
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Gracias 2025 porque me has entregado dulzura en forma de caricias, me has regalado el amor inconmensurable de una casa llena de seres maravillosos, que arropan el alma: una perrita, un gatico y nuevo hermano de cuatro patas que da saltos y lametazos expresando su alegría, amor y gratitud. Me has mostrado que una caricia puede ser también una huella imborrable en la memoria del corazón.
Gracias 2025 porque me has entregado el gran reto de hacerme dueña de mi propia voz, me has incomodado al llevarme a lugares que había reservado para otros que podían dar la cara y hablar. Me has mostrado que mi camino profesional es hermoso y digno de ser compartido desde la experiencia, y que comunicar no es sólo un acto de fe, es un acto de cuidado profundo, un acto de amor.
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Gracias 2025, porque puedo decir gracias. Gracias por la escritura, las palabras, los momentos y el tiempo para dejar salir lo que mi ser completo tantas veces calló.
Gracias 2025, porque me mostraste que soy una señora, que he crecido y es bonito, porque la Marcela de hoy es una mujer capaz de mirarse al espejo y reconocer en la vulnerabilidad una tremenda valentía. Gracias porque me siento dueña de mi energía, de mi palabra, de mi magia que es la pureza y la dulzura.
Gracias 2025 por la presencia de mi clan, de mis hermanos, de mis sobrinos, de mis cuñadas, de mi madre y mi padre siempre están en mi corazón. Gracias por los amigos y las amigas que nutren, y por la familia extendida que trae la juntanza única y amorosa que vivo con mi esposo.
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Gracias 2025 por abrirme las páginas de este periódico, por permitirme emocionarme y retarme con mi trabajo, gracias por cada práctica de yoga, por cada movimiento que se sintió como una gran transformación.
Que agradecer sea más que dar las gracias, que sea sentir con cada célula del cuerpo. Gracias a ti que me lees, gracias por el tiempo, el momento y las palabras que cobran sentido en tu mirada.





