Al menos una vez al año esta columna se pregunta qué va a pasar en El Poblado una vez entregadas las pocas obras hoy en construcción. Porque aquí, después de que entren a operar los intercambios de Av. 34 con González y de Vía Linares con Loma El Tesoro, hasta ahí llegaron las obras previstas. Nada a la vista.
La primera hará más fluida la 34, pero no soluciona, antes complica, el dificilísimo cruce de la Calle 10 y sus cuadras aledañas.
Algún optimista dirá que sobre la 34 va a circular algún día Metroplus, que está contemplado en el plan de crecimiento del Metro. Sin embargo, salta a la vista que solo en el tramo entre Aguacatala y Balsos se dejó espacio en el separador central para habilitar los carriles exclusivos y las estaciones que requiere un Metroplus.
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De Balsos hacia El Poblado y de ahí hacia Palmas, francamente es imposible. No quedó espacio de ampliación ni al centro ni a los lados. Descartemos esa posibilidad.
¿La línea S del Metro podría ser una opción de transporte masivo para El Poblado? Sería lo óptimo. Pero no la veríamos antes de 15 años, y eso si supera la etapa de prefactibilidad y si se consigue y apropia un presupuesto de más de $21 billones (el metro ligero de la 80 no pasa de $4 billones). Sueñe.
¿Qué sigue? No hay una sola obra cerca de definirse. Podríamos esperar 5-10 años antes de que se construya cualquier idea genial aún por revelar.
Más hacia el sur sí se ve intensa actividad constructiva, pero con mínimo impacto sobre El Poblado. Avanza el intercambio de Mayorca, que descongestionará un sector de Las Vegas. Y en Itagüí ya comenzó el puente de la Calle 31 (Pilsen). Mejorará temporalmente la fluidez de la que, con descarada ironía, persistimos en llamar Autopista Sur.
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La triple calzada para conectar Envigado con Sabaneta aliviará la comunicación entre esos municipios. Pero, como ocurre tantas veces en el Valle de Aburrá, capital del embudo, esos 3 carriles se convierten en 2 al llegar a Envigado y se evapora el 90% de la mejora.
Se ha planteado construir túneles y pasos elevados, como han hecho algunas ciudades de América Latina. Pero su experiencia indica que crean más problemas de los que resuelven. El trancón se concentra en los accesos y salidas y al final quedamos en lo mismo, o peor.
Y ni hablar de los retos constructivos en una ciudad tan compleja de suelos, redes de servicios y espacio estrecho como Medellín.
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En conclusión, por los próximos años en El Poblado debemos conformarnos con mejoras de impacto limitado: otro carril aquí, un puente allá, otro intercambio vial…
Para empezar, ¿cuándo se construirá el intercambio de San Lucas, en el cruce de la Inferior con Campestre, que paraliza durante horas buena parte de la Transversal? ¿Cómo diablos quedó por fuera del Proyecto de Valorización?
Finalmente, ya no vale la pena incluir en nuestras modestas aspiraciones los intercambios que pudo haber tenido la Av. El Poblado en todos los cruces importantes. Solo alcanzamos a ver los de Aguacatala y Balsos, construidos hace décadas.
Cuando tocaba.
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