El cielo puede esperar

Un camino personal, muy personal por la vida de una niña que adoraba a Michael Jackson.
Por: Opinión
22 abril, 2026
El cielo puede esperar
Imagen de Freepik

Llevo algo más de un mes, volviendo a reencontrarme con mis memorias de niña de 7 u 8 años, cuando amaba con completa idolatría a Michael Jackson: contaba las veces que me había visto cada video, en vez de cantar Annie are you okay? En Smooth Criminal, cantaba Anda kipochi, me ponía cinta de enmascarar en los dedos de la mano derecha, recortaba todo lo que salía en periódicos y revistas para guardarlo, soñaba con conocer Neverland. Esa era mi gran esperanza, y un sueño que me ayudaba a no caer en el deseo de no estar viva. Creo que una vez, le dije a mi hermano Juan, que no desistía de estar en este mundo, porque quería conocer a Michael Jackson.

Marcela Mosquera
Por: Marcela Mosquera. Comunicadora social. Ha trabajado en cultura los últimos veinte años. Apasionada practicante del yoga, convencida del poder de las pequeñas historias. Cree en la impronta del amor y en la belleza cotidiana que habita en todos. Lleva tatuada en su brazo la palabra esperanza.

No recuerdo muy bien cómo me sentía en esa época de mi vida, pero cuando uno es simplemente una niña, a la que le cuesta encajar porque sus compañeros del colegio la rechazan por ser negra, y lo dicen de forma despectiva “negra”, a la que no le dan la mano en educación física para hacer el círculo, porque las manos le sudan, y le sudaban aún más, a causa del miedo de que ese momento llegara en la clase.

Una niña que cuando llegaba a la casa, también sentía miedo, porque no sabía si el papá estaba de buen genio o de malgenio. El mundo es muy chiquito cuando uno es un niño, así que, sí, tal vez es posible que pensar en no estar más en este mundo, fuera una idea apenas probable para ‘Marcelita chiquita’. Y esa idea se disipaba con un sueño: conocer algún día a Michael Jackson, me acuerdo creer que, si lograba contar hasta 100 mil millones o un número muy, muy, muy grande, iba a hacerse realidad mi sueño.

Entonces sí, Michael me acompañó como si fuera mi mejor amigo, mi ángel guardián.

Recuerdo que vi en directo la transmisión del super tazón, o Super Bowl como se llama originalmente. Era domingo, y el gran lujo de la casa, era tener Veracruz TV Cable. Mi papá, quuien fue un gran deportista de atletismo en su juventud, era también un conocedor de casi todos los deportes, y ahora en sus años de retiro laboral ése era su mayor pasatiempo; sabía en detalle las reglas de cada juego, no importaba si era tenis, golf, fútbol americano, baskeball, gimnasia olímpica o ciclismo.

Ese día, vi en sus ojos una expresión de orgullo, y sus palabras fueron: “Ese negro es un berraco”. Y lo decía otro negro, uno chocoano, que conoció de cerca el significado de la palabra negro inundada de desprecio, y que la convirtió en orgullo a través de la educación y el deporte.

También recuerdo que mi papá me compró el CD doble de History, lo compró en Unicentro, creo que le costó $50.000 o algo similar, eso era mucho dinero en 1995. Si no estoy mal, mi mamá me hizo algún comentario en relación al valor del regalo que me había dado el papá, para que viera como me ‘acolitaba’ los gustos.

Él mismo me despertaba a media noche para decirme que habían estrenado un video nuevo de Michael. Otros días, mis hermanos mayores me despertaban en la madrugada para fuera corriendo al televisor porque en MTV estaba Michael, y se reían de mi cuando llegaba y no había video nuevo en la televisión, pero yo había saltado como un resorte de la cama y llegaba en dos segundos a la sala todavía medio dormida.

Mi vecina de toda la vida, Sarita, se reía también de mí, porque yo escribía “Michael te amo”con una tiza en la calle, justo donde terminaba el parqueadero del edificio de enfrente, del que nos tirábamos en patines.

Recuerdo que ya teniendo 21 años, en 2005, vi en directo el veredicto del juicio contra MJ, y sentí alegría, soy de esas fans que estaban convencidas que era inocente, simplemente veía la forma despiadada de destruir a alguien tomando provecho de su vulnerabilidad.

El 25 de junio de 2009 estaba trabajando en el Museo de Arte Moderno en Carlos E. Restrepo, y mi hermano Juan me llamó al celular, y me dijo: “¿Estás sentada?, es que te tengo que dar una noticia”, me parecía que era un chiste o algo así. Luego me dijo: “Michael Jackson se acaba de morir”, y yo no le creía, después solo lloraba desconsolada, me parecía bizarro que eso estuviera sucediendo. Vi el funeral completo en directo por televisión.

Por supuesto fui al estreno de This is It, la sala no estaba llena, me pareció increíble, y lloré con la nostalgia de esas últimas imágenes. Recuerdo que Juan me dijo: “Estaba lleno de vida.”

En diciembre del 2018, caminaba con mi esposo cerca al Grand Palais en Paris, y vi un pendón gigante de Michael. Inmediatamente le dije a Camilo que teníamos que entrar, una casualidad así a miles de kilómetros de casa, sólo era un mensaje divino. Fui tan feliz, no quería salir de allí, con la mirada de una adulta, pero con el corazón de niña. Michael habría cumplido 60 años. Y sin embargo, seguía aquí lleno de vida en la vida de muchos de nosotros.

Hoy, con casi 42 años, he vuelto a mirar a los ojos a la Marcelita que adora a Michael, y he reconocido en este hombre, la leyenda, al gran artista de todos los tiempos (con el gran y todos en la misma frase), a un ser humano magnético para mi ser infantil, lleno de magia, que es lo que siempre busco en la vida. Lleno de dulzura y amor, genuino, un hombre que quería ser el niño que nunca fue.

Hoy por fin entiendo las letras de sus canciones, porque su profundidad y genialidad adelantada a su tiempo, describen el momento absurdamente doloroso que vivimos actualmente como humanidad.

Hoy veo a ese hombre que no parecía humano, porque su nivel de perfección artística y disciplina superaba, y supera el conformismo promedio.

Veo también a un hombre profundamente solitario, al que el mundo le falló, quien sólo estuvo al servicio del arte y la vida misma para construir un mejor mundo.

Veo tanta belleza en su mirada, en su sonrisa, no importa qué tan flaco, con o sin nariz estuviera, no importa el color de su piel, importa el brillo de su alma, y allí es donde quiero que mi magia se encuentre y se expanda.

Hoy canto con convicción Man in the mirror, paso por el corazón cada palabra de Heal the world, me reconozco mujer en Human nature, amo a mi esposo con In the closet o the way you make me feel, celebro el presente con Don´t stop until you get enought, reconozco la indiferencia con They don´t care about us, y mantengo la fe con Keep the faith.

Mañana cuando vaya a cine, no será mi niña de 8 años la que entre a ver la película. Seré yo, Marcela, con mis 42 años, con la certeza de que crecer duele, pero que la magia es real. Que no se me olvide nunca ver el mundo con el corazón como brújula, que siempre abrace la mirada genuina de Marcelita chiquita con esos ojos grandes, porque es mi verdadera mirada, la que sabe que es posible lo imposible.

Gracias Michael por enseñarme a soñar, por ayudarme a aferrarme a la vida.

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