De: tus riñones. Para: ti. 

Ayer en la noche, un dolor intenso me despertó. Era un tipo de dolor que no había sentido antes: aparecía, aumentaba de intensidad y luego, como si nada, se calmaba. Creo que su intención era recordarnos lo vulnerables que somos. Cuando llegaba el momento más álgido, miraba a mi hermano, quien siempre ha estado a mi lado, pero a la izquierda de la columna vertebral. Con sus ojitos de color ámbar, me enviaba una mirada de calma y tranquilidad para que el dolor se fuera disolviendo.

Finalmente, me di cuenta de que unas piedritas en el camino fueron las causantes de tal agonía. Por suerte, eran pequeñas y pudieron deslizarse sin dificultad por mi uréter, caer en la vejiga y salir sin problema alguno por la orina.

Pasamos una noche espantosa, pero este dolor sirvió para recordarte que aquí estamos, mi hermano y yo, uno más arriba que el otro (la presencia del hígado hace que yo esté un poco más abajo que él), pero con almas muy semejantes.

Somos trabajadores incansables y silenciosos, tal vez por eso no te percatas de nuestra presencia o solo nos recuerdas cuando, al orinar, notas que algo no está funcionando bien. Nuestra esencia es el equilibrio: amamos mantener todo en su debido balance (sodio, potasio, calcio, algunas hormonas y tu presión arterial). Si sentimos que algo está fuera de los parámetros normales, hablamos con tu cerebro, pulmones y sangre para que, mediante estrategias precisas, tu sistema siempre se mantenga en armonía. También, nos encargamos de purificar tu sangre; somos organizados y nos encanta la limpieza. Eliminamos impurezas y excesos que llegan por el torrente sanguíneo, encapsulándolos en gotas de orina para que puedan abandonar tu cuerpo sin contaminarte. Incluso, entre nosotros comentamos que, tal vez, la tristeza que a veces sientes también la hemos encerrado y eliminado… pero esto, claro, es solo un presentimiento.

Queríamos decirte que no nos sentimos bien cuando te excedes con la sal o el dulce, con el licor, cuando no tomas suficiente agua, cuando fumas, comes pocas frutas y verduras o pasas el día sin moverte. En estos casos, trabajamos de más para evitar que te enfermes, pero nuestras energías pueden irse agotando. Ya no somos unos jovencitos y, de no haber un cambio, podríamos dejar de funcionar correctamente. Enfermedades como la diabetes y la presión alta (más aún si no están controladas) nos van apagando poco a poco. En esos casos, notarás que aparece hinchazón en tus talones, que te cuesta respirar, que tu orina cambia de color, como si estuviera cargada de amargura y exceso de sal o azúcar… incluso podrías verla con espuma.

Con esta carta no queremos asustarte, solo queremos hacernos sentir. Aunque somos silenciosos, somos dos hermanos con funciones fundamentales para tu existencia. Si nos enfermamos, tu vida, como la conocemos, cambiaría por completo, y nuestra dicha por hacer bien nuestro trabajo también se desvanecería.

Queremos que nos consientas con agua, frutas y verduras, que nos saques a caminar por el parque, que le bajes a la sal y al dulce, y que nos llenes de amor, para que mi hermano, tú y yo estemos en perfecto equilibrio hoy, mañana y siempre. Aquí estamos, a tu lado derecho y a tu lado izquierdo, para apoyarte y cuidarte.

Con mucho amor,
Tus riñones.

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