En el 79 d.C, con la inauguración del Coliseo Romano, el emperador Tito iniciaba la era de los ludi circensis: espectáculos que buscaban afianzar el poderío del gobernante y mantener adormecido al popolo mediante la política de panem et circensis: pan y circo. Las carreras de carros o de caballos, o los encuentros a muerte entre gladiadores y leones, presididos por el emperador de turno escoltado por su guardia pretoriana (pompa circensis), entretenían a los espectadores, mientras este hacía y deshacía con sus destinos. Cuando reaccionaban, ya era tarde.
Lee todas las columnas de Adriana Mejía Londoño aquí.
¿Les suena esta historia? Pues resulta que, veinte siglos después y con las diferencias debidas y al otro lado del mar, no ha perdido actualidad. Al menos no en una esquina del tercer mundo -lo máximo, en lo bueno y en lo malo-, denominada por su presidente, El país de la belleza.
En ese país no hay ni ha habido ningún Tito o Severo o Cómodo, pero el listado de sus jefes de Estado sí cuenta con uno que otro a quien le hubiera encantado mangonear un imperio. (Al actual, dicen en la calle). En ese país no se necesita un coliseo milenario para albergar las deplorables puestas en escena, la conocida Casa de Nariño hace las veces de circo romano con lujo de detalles. (Bajo la mirada impávida del supremo, mientras los ciudadanos desvían su atención de lo que de verdad la merece, y los medios y las redes se desgañitan haciendo barra a los distintos bandos, se libran los combates entre los integrantes del sanedrín).
Le puede interesar: Los premios Brayan
En ese país, si bien el dueño y señor no levanta el dedo para decidir quién vive o muere en la arena, sí señala con el Mirado #2 quién gana o pierde el favor de sus veleidosos afectos. (Para caer en picada, sólo hay que estar en la cresta de la ola). En ese país puede que no haya leones ni Espartacos, pero fieras y peleadores hay los que usted quiera. Empezando por los hipopótamos que son herencia peligrosa e invasiva, hay muchos otros animales en sus versiones antropomorfas: jaguares, tigres, sapos, topos, lagartos, camaleones… Con un agravante: no atacan por instinto, como los gigantes africanos, sino por lujuria de contratos y poder, adobada con celos, envidias, traiciones. (“Es una red organizada”, según la directora del Fondo de Adaptación, la púgil del momento, Angie Rodríguez).
Con tal de participar de las chequeras del gobierno (pompa circensis), dejan tendida en la arena hasta a su propia sombra. La pisotean, además.
Únase aquí a nuestro canal de WhatsApp y reciba toda la información de El Poblado y Medellín >>
Todos tienen nombres y apellidos -Angie, Augusto, Juliana, Carrillo, Benedetti, Sarabia, Bolívar, Roa, Roy, Petro, Verónica, Olmedo, Sneyder, Carlos Ramón, Guillermo Alfonso… -, señales de identidad y ambiciones mal disimuladas. Los juegos de fuego amigo son permanentes y se organizan gracias al silencio permisivo del primer mandatario (ludi circensi) para que los habitantes de El país de la belleza no se fijen en tonterías: violencia armada, narcotráfico, crisis humanitaria, inseguridad alimentaria y de salud, corrupción, impunidad, desempleo, déficit fiscal, disminución de la inversión extranjera… Lo más triste es que lo consigue.
(Tenemos un mes para reaccionar, la democracia nos necesita).
- ETCÉTERA: Sorprendido debe estar el difuntísimo emperador Tito con el alumno tardío que le resultó en la esquinita de acá. Lo superó.





