Gente necia, local y chata y roma…

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Cerramos el 2022 con el desconcierto de todo lo que nos ha pasado en Medellín, pero iniciamos el 2023 con la ilusión de ser partícipes y veedores de una nueva etapa en nuestra ciudad.

Vano el motivo desta prosa… -escribió León de Greiff- Nada… Cosas de todo día. Sucesos banales. Gente necia, local y chata y roma. Hablaba de la Villa de la Candelaria, su ciudad, hace más de cien años, pero parece que nos increpara sobre el Medellín de hoy.

Gente necia, local y chata y roma… ¿Gente indigna? Ser digno es ser “merecedor de algo”. Una persona digna es quien tiene el valor suficiente para ganarse el respeto y la confianza.

En una democracia, los ciudadanos comunes y corrientes votamos para elegir en mayoría a la persona que consideramos digna de gobernarnos. Terminamos el tercer año de gobierno local, y en Medellín sufrimos haber elegido a un dignatario que no honra ni entiende el papel que le hemos entregado temporalmente.

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No hay diálogo entre el gobierno local y la sociedad civil, como se estilaba antes en nuestra ciudad. Los hechos más trascendentales se convierten en memes para las redes sociales. Los ciudadanos que ejercen el derecho a revisar y criticar la gestión gubernamental son perfilados y ubicados en una de dos casillas (porque solo hay dos: los que están conmigo o los que están contra mí). La comunicación pública, que debería ser un ejercicio permanente de transparencia, se reduce a frases insulsas y vacías. Y, lo peor: el ejercicio del poder se limita a satisfacer los intereses personales, no en suplir las necesidades de la ciudadanía.

Ser digno es ser “merecedor de algo”. Una persona digna es quien tiene el valor suficiente para ganarse el respeto y la confianza.

Sucesos banales, dice De Greiff. No son banales nuestros sucesos, sino que han sido banalizados. En Medellín hemos asistido este año a la implantación de la posverdad, que, según el diccionario de la RAE, es “Información o afirmación en la que los datos objetivos tienen menos importancia para el público que las opiniones y emociones que suscita”.

Cosas de todo día, dice el poeta. A manera de ejemplo, la última campaña de la alcaldía: el país y el departamento en vilo por la puesta en marcha de Hidroituango, la obra de infraestructura más importante de Colombia en los últimos tiempos, pero la administración del distrito no dignifica la trascendencia del momento, sino que se limita a enviar mensajes ambiguos, cargados de intención política e ideológica: “EPM ha vuelto”, se lee en la valla ubicada en el parque La Frontera. “Dios bendiga este proyecto”, dice el aviso de la avenida El Poblado. La posverdad: no dar datos objetivos ni información cierta, sino tratar de generar opiniones. Y una total inopia en los cerebros…, para citar nuevamente a De Greiff.

Cerramos el 2022 con el desconcierto de todo lo que nos ha pasado en Medellín, pero iniciamos el 2023 con la ilusión de ser partícipes y veedores de una nueva etapa en nuestra ciudad. El próximo año son las elecciones locales, y nos corresponde como medellinenses ser dignos de esta responsabilidad: los candidatos y las candidatas que se presenten al escrutinio público deben interpretar la importancia del momento. La persona que sea elegida, recuperar la dignidad del cargo.

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