“A Petro aquí no lo valoramos, pero es un líder mundial”, afirmó Gustavo Bolívar, con la coleta lánguida de amor no correspondido. (Sí. Los libretistas millonarios también tienen corazón). Mientras, cuarenta millones de colombianos que no votamos por el elegido, pero que somos pueblo -aunque él nos ignore-, sufrimos in situ su falta de liderazgo.
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Algunos electores se han bajado de ese bus en el camino; otros, víctimas de una especie de Síndrome de Estocolmo -rentable porque les permite saborear las mieles del poder-, permanecen voleando el trapo del cambio. Ni para el totazo que se pegarán cuando en unos meses caigan de barrigas en la cruda realidad. La que menciona, entre otros, y en contravía con el éxtasis de Bolívar, el periodista Jon Lee Anderson, curtido observador de la actualidad:
“Petro, sin duda, no tiene ninguna resonancia internacional. Se ha convertido en una figura de broma y de desprecio… No se ha ayudado con algunos de sus exabruptos, decisiones, nombramientos. Y sin duda con su ejercicio del poder”. (El Tiempo / agosto 2025).
Me detengo en los exabruptos que dan sustento a su discurso, en trinos y declaraciones. (Genialidades de un “líder mundial” que justifican y celebran sus adoratrices: Margarita Rosa de Francisco, pensadora universal, e Irene Vélez, tontarrona universal, por ejemplo, le aplauden cual focas de exhibición. ¿Honradas por las migajas del petro feminismo?)
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Uno de ellos, injusto, cuando en Consejo de Ministros dijo: “En todo barrio popular hay un Brayan que se lleva a las mujeres a quién sabe dónde, y después las deja embarazadas y botadas… Los Brayans son hombres vampiros”. (Hable menos y piense más, mi rey. Para que no estigmatice). Otro, irrespetuoso, cuando en el Cauca se la dedicó a la directora de Sustitución de Cultivos: “Gloria, como todas las ministras y funcionarias del gobierno del cambio son hermosas. Entonces, cada vez que se me acercan los periodistas chismosos, escriben que son novias mías. ¿Qué tal? Y resulta que se acaba de casar hace un mes, así que la perdimos”. (Hable menos, mi rey. Para que no pase de acosador). Otro, misógino, cuando también en una encerrona televisada pontificó: “Una mujer libre hace lo que quiera con su clítoris y con su cerebro, y si sabe acompasarlos será una gran mujer”. (Piense más, mi rey. Para que intente acompasar su pene con su cerebro a ver qué pasa).
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Otro, megalómano, cuando amenazó a la Unión Europea con renunciar a su nacionalidad italiana si no corta con Israel. Otro, pendenciero, cuando retó al imperialista Trump: “A mí no me amenace. Aquí lo espero si quiere”. Otro, temerario, cuando escribió: “La Andi quiere destruir el gobierno por literal odio étnico y defender el esclavismo y atacar la dignidad de los trabajadores”. Otro, falaz, cuando en Brasil se lució: “Lo ilícito se acaba quitándole la letra i y se vuelve lícito. Todo consiste en quitar la letra i”. Otro, machista, cuando aseguró: “paso el 80 % del tiempo atendiendo los problemas de los conflictos entre mujeres”. Y así.
- ETCÉTERA: Las cuentas del rosario se quedarían cortas para recitar los exabruptos que ya le tienen asegurado un escaño en la historia de la Patria Boba Siglo XXI. (¿Se da cuenta de que calladito se ve más lindo, mi rey?)





