Muchas generaciones de jóvenes colombianos hemos crecido empantanados. Estar “empantanados” es lo normal, lo que pasa mientras miramos para otro lado y hacemos muchas cosas. Al menos así lo entendí luego de ver otra vez Angelitos empantanados. Han pasado treinta años desde que vi por primera vez esta puesta en escena del Teatro Matacandelas. He ido varias veces y me imagino que hacerte consciente de lo “empantanados” que estamos (si eres joven), que estuviste –o estás–, y darte cuenta de que nada ha cambiado (si ya los años han pasado), es una de las razones por las cuales aún sigue vigente.
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El director del Teatro Matacandelas, Cristóbal Peláez, antes de empezar, nos cuenta que ya van por las 600 funciones realizadas desde el estreno. Es una obra icónica de la ciudad, sin duda. Hay algunas como La ratonera (The Mousetrap), escrita por Agatha Christie y producida por el West End de Londres, donde se representa de manera ininterrumpida desde 1952. Llevan más de 28.000 funciones en el St. Martin’s Theatre, lo que la convierte en la obra con la temporada continua más larga de la historia. En este 2026, una corta temporada de Angelitos empantanados programada para julio por los matacandelos ha tenido casi todas las funciones agotadas y han planeado nuevas fechas para el 7 y 8 de agosto. Me encantaría que, si leen esta columna y no la han visto, vayan sin dudarlo. Yo la repetiría una y otra vez.
La historia de Angelitos empantanados se desarrolla en Cali. Los protagonistas son jóvenes del norte de esta ciudad a finales de los años sesenta. Podríamos decir que habla de temáticas como el descubrimiento del amor, los placeres, los vicios, la relación de padres e hijos, los primeros amores que reemplazan figuras paternas, querer lo que no nos tocó, fronteras en las ciudades, la desazón, que existe así tengas una vida “acomodada”. Nada anacrónico. También la muerte está presente y entonces es válido preguntarse “qué pensará ahora que está…MUERTO” ese ser que ya no está.
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La obra se desarrolla con un ritmo que no permite el aburrimiento, apoyada por luces, intensidad en el volumen de la música, bandas sonoras muy cercanas que nos enganchan a una historia que, aunque se muestra fragmentada, se sigue sin contratiempos. Hay varios guiños al cine porque el mismo Andrés Caicedo fue un gran aficionado, escribió guiones e incluso filmó en sus 25 años de vida.
Algunos afirman que la literatura debe hacerse cuando un escritor está maduro porque de lo contrario podría hacerle falta años vividos para poder narrar las experiencias y la sabiduría que solo da la vida. Pero como en todo, hay excepciones. Existen artistas que, como si hubieran empezado antes, logran la maestría en años tempranos. Mozart, Beethoven, Silvia Plath, Janis Joplin, Amy Winehouse y otros que han “creado” el club de los 27 por morir a esa edad. Andrés Caicedo creó su obra antes de suicidarse a los 25 años y condensó las angustias de un joven que quiere entender los sentimientos de hombres y mujeres de una sociedad descompuesta, aunque en apariencia tuviera todo para ser perfecta. Reflexiones precoces de situaciones universales, que se han repetido a lo largo de la historia del mundo; preguntas que se han hecho jóvenes y adultos, siempre.
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Los montajes que el Teatro Matacandelas ha seleccionado en sus casi 50 años de trayectoria han entendido y expresado esas preguntas que se ha hecho el ser humano y por eso sus obras siguen vigentes. Los muchos jóvenes que vi ahora entre el público, 30 años después de que yo estuviera en el estreno de Angelitos, teniendo su edad, demuestra que es en ese momento de la vida en el que uno busca hacerse preguntas y cree que aún se puede pensar y hacer todo diferente, antes de que nos resignemos a vivir empantanados.
Me parece increíble cómo la mente puede recordar con claridad pasajes enteros, frases, imágenes, sonidos, sensaciones, emociones, y olvidar completamente otras tantas.
¿Soy la misma persona que vio esta obra a sus 16 años? ¿Son los actores los mismos? Dos de ellas, fundadoras con Cristóbal del Teatro Matacandelas interpretan los mismos personajes desde el estreno ¿Cambia también la forma de verlo al ponerlo en escena?
En el sitio web del grupo, en la sección de obras, cada una, además del programa de mano, que da mucha información para entender la puesta en escena, están incluso los guiones, que fueron creación colectiva en algún momento y que ahora, ya están disponibles para que cualquiera los lea o los interprete. Eso es un privilegio y la muestra de que una creación que, como la teatral, podría ser efímera, puede darse el lujo de trascender.
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Los escritores, los directores de cine, en este caso, los grupos de teatro también permanecen y si a alguien le gusta esta forma de arte, vale la pena visitar al Teatro Matacandelas, ver de nuevo Angelitos empantanados, que, como una buena película que se repite y que se vuelve objeto de culto, ofrece una mirada nueva, cada vez.
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Lo bueno de la ciudad en este último mes
Por invitación de Filarmed estuve en una reunión para un grupo reducido de 40 personas que promueve el programa Appoggiatura. Era una noche al piano con el chileno Paolo Bortolameolli, el artistic partner de la orquesta. Él nos contó sobre lo novedoso que fueron en su momento artistas como Wagner al poner notas diferentes a las esperadas en momentos de sus obras para expresar ciertos sentimientos, como el amor… la nota profunda, la nota que dilata las expectativas y que resuelve por un camino diferente lo que se espera que va a pasar…habló de Muerte y transfiguración de Richard Straus, de lo que quisieron expresar los autores cuando escribieron. “Amor imposible de tensión constante que solo termina con el adiós”.
La música clásica era lejana y para acercarla, es bueno lo que está haciendo la Filarmed con estos espacios, que además buscan encontrar donantes para financiar sus programas, pues son la única orquesta privada de las tres que ahora hay en Medellín (sí, ¡tres! ☺) y de las que hay en Colombia. Conversar con el director y entender cómo él entiende a un autor que estudió a profundidad para poder dirigirlo y así lograr expresar esos sentimientos que crearon esas obras. Realizarán una cena de gala en noviembre y quienes estén interesados en realizar su donación pueden contactarse al correo [email protected] o al teléfono 317 8938936.
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Recomendados próximos
El 19 de septiembre se presentará en el Teatro El Tesoro la cantante española Martirio acompañada de Chano Domínguez en el piano, Javier Colina en el contrabajo y Guillermo McGuill en la batería. Interpretarán un repertorio que lanzaron hace 30 años, Coplas de madrugá, de los primeros trabajos que unió la música española con el jazz. Promete ser un concierto, como todos los de ellos, espectacular. Hace parte del Festival Medejazz que llega a su trigésimo aniversario.




