Sería un golpe al ego inconmensurable del presidente ignorar sus permanentes desatinos y un gran beneficio para la salud mental de los colombianos. Pero nos daría úlcera. Cuando creemos que ya es imposible que diga o haga algo peor, ¡zas!, salta la liebre. Y nos pica la lengua. Y nos da un cansancio… (Estamos hasta aquí de tanta agresividad política).
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En ocasiones suelta verdades, pero lo hace en el tono pendenciero que le permite decir lo que quiera, a quien quiera, donde quiera y en el momento que quiera. Sin medir las consecuencias, no sólo para su ya maltrecha condición de jefe de Estado, sino -lo más preocupante- para el país. Pero…, “a yo qué cuentas”, para eso soy el que soy: “líder mundial”, creador del Universo Petro, Vengador Justiciero de la Vía Láctea, Señor Feudal de trinos y arengas. El último de los colombianos pensantes, ejemplar de una especie en vías de extinción en la humanidat. Comparable sólo con Mandela, Luther King y Gandhi, al decir del insigne petrista colateral: Daniel Quintero.
(Una breve historia: Se llamaba Abel. Abel de Jesús Morales, para servirle. Era el dueño del jardín y el mejor niñero que imaginarse puedan; dejaba a los chiquitos mojarse con la manguera y, sin proponérselo, fumar. ¡Qué maldita dicha! Tiraba las cuzcas por donde pasaba y, por la tarde, cuando las iba a barrer, ¡sorpresa!, no había ni una. Convencido de que las culpables eran las ardillas que ruñían los aguacates, las espantaba con el machete que llevaba al cinto y, con un “a yo qué cuentas” -me importa un bledo- filtrado por entre los pelos ralos de su bigote, daba por terminado el asunto. El de las cuzcas y cualquier otro para el que no tuviera explicación o no quisiera darla).
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Si nos descertifican -práctica que no debería existir-, “a yo qué cuentas”; si le quitan la visa -no por su posición frente a Gaza, sino por su hilarante perifoneo callejero en Nueva York-, “a yo qué cuentas”; si el cotarro internacional lo ningunea como contrapeso de Trump, “a yo qué cuentas”; si las manifestaciones de apoyo al pueblo palestino desembocan en actos vandálicos, “a yo qué cuentas”; si el orden público en la mayoría de los departamentos está deteriorado y el crimen organizado disparado y la corrupción a flor de piel, “a yo qué cuentas”. (En sus delirios de grandeza Venezuela mata Cauca, Gaza mata Catatumbo, Andrómeda mata Guajira…).
Si felicita a la fallecida ecologista africana Wangari Maathai -Premio Nobel de Paz 2004-, antes que a María Corina Machado -actual ganadora-, “a yo qué cuentas”; si nadie es capaz de resumir sus monólogos delirantes -aplaudidos por las focas del acuario-, “a yo qué cuentas”; si el Consejo de Estado pone freno a sus alocuciones televisadas, frecuentes e invasivas, por considerar que vulneran el derecho a la libre información, “a yo qué cuentas”; si el feminismo y el antirracismo que pregona no se reflejan en la práctica, “a yo qué cuentas”; si alguien le recuerda que fue elegido para regir los destinos de una nación, no los de un grupo guerrillero, “a yo qué cuentas”…
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En resumen: todo lo que no sea el culto a sí mismo le importa un bledo.
ETCÉTERA: “Le hago ver”, Abelucho: esté donde esté, ojalá “montón de bien”, reciba mis disculpas por el uso no autorizado de sus inolvidables frases. “Cumplo con decirle”.





