Ahora bien, si nos vamos en carro a sitios como Río Claro, el Parque de las Orquídeas -en Urrao-, los páramos de Belmira y Sonsón, el bosque de Florencia, las reservas forestales privadas en Amalfi o Anorí, Santa Fe de Antioquia, la zona de Porce, Fizebad -en El Retiro- y el municipio de Jardín, el número de especies de aves que encontraremos será aún mayor.
Debemos buscar un compromiso de verdad para desarrollar esta actividad ecoturística. Aunque la Sociedad Antioqueña de Ornitología -SAO- lo ha venido haciendo muy bien -hay que decirlo claramente-, es al gobierno departamental y a los alcaldes municipales, con el apoyo del Fondo de Promoción Turística, a quienes corresponde impulsar esta actividad. Es mucho el empleo y el impulso al turismo que podríamos lograr con la observación de aves.
Qué grato ha sido encontrar recientemente en el municipio de Jardín a un grupo de 22 surafricanos que a través de una empresa de un amigo de Manizales, Sergio Ocampo, vienen a observar, entre otras especies, al loro orejiamarillo (loro en peligro de extinción que vive en la palma de cera) y que hace pocos años fue descubierto allí; y eso que ellos tienen en su país leones, jirafas, elefantes y parques como el Kruger, que cualquiera región del mundo envidiaría.
El alcalde de Medellín, con la observación de aves como actividad ecoturística, tendrá otro argumento más para impulsar el “cinturón verde” que ha propuesto en el Plan de Desarrollo.
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