Medellín se ha consolidado como uno de los destinos turísticos más importantes a nivel internacional en los últimos cinco años. Zonas como El Poblado, especialmente el sector de Provenza, son los lugares más visitados por los turistas. Sin embargo, detrás del flujo de turistas y ese mercado de entretenimiento y gastronomía, varios comerciantes del sector advierten que están viviendo una crisis de rentabilidad causada por el incremento descontrolado en los cánones de arrendamiento de los locales comerciales.
Juanita Cobollo, directora de la Corporación Barrio Provenza Medellín (entidad sin ánimo de lucro que representa los intereses de los comerciantes, empresarios y residentes del sector), señala que la situación ha alcanzado niveles insostenibles para algunos comerciantes: “Hay gente a la que le han subido en menos de 3 años más de un 300%. Es decir, estar pagando 8 millones de pesos y de un momento al otro pasar a pagar 43 millones”.
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Empresarios de la misma Corporación aseguran que el incremento se debe al auge en el turismo que tuvo Medellín después de la pandemia. Según el Observatorio de Turismo, la reactivación turística en la ciudad alcanzó y superó los indicadores registrados antes de la pandemia en el 2019. Sin embargo, datos de la Encuesta Mensual de Agencias de Viaje, publicados por el DANE, indican que los ingresos totales en turismo a nivel nacional, para el mes de agosto de 2026, se redujeron 7,8%, frente a un aumento de 8,2 % que hubo en el mismo mes el año anterior. Es decir, hubo una reducción de casi 16 puntos porcentuales de un año a otro.
Uno de los socios de una agrupación gastronómica, que pidió no ser nombrado, relata que los contratos a largo plazo (de 7 a 10 años) no han servido de blindaje frente a las exigencias de los arrendadores cuando finaliza o se renueva el periodo: “Nos aumentaron abruptamente un 40% de entrada y dijeron ‘si quieren bien, y si no, se van’. Hoy, el local más pequeño que tenemos es el más nuevo y es por el que pagamos más arriendo”. La asociación pagaba siete millones y medio por un local de menos de 35 metros cuadrados. Las ventas no daban rentabilidad frente al valor del arriendo, y aunque intentaron sostenerse durante varios meses, finalmente tuvieron que cerrar el negocio.
¿Cómo se define el arriendo?
Federico Estrada, gerente de La Lonja, explica que la valoración de un local comercial responde a metodologías técnicas como la capitalización de la renta (capacidad de generar ingresos) y el método comparativo de mercado. Según el Índice de Precios de la Propiedad Raíz (IPPR) de La Lonja, entre 2019 y la actualidad, los precios de los inmuebles comerciales en Medellín han registrado un crecimiento general del 51%. “Los dueños de las casas y locales han abusado por la falta de límite en el control de incrementos, porque solo existen para vivienda no para comercial”, afirma Luis Echandía socio principal del grupo Sin Mente, propietario de varios establecimientos en Provenza y en diferentes lugares de la ciudad.
No existe una norma o regulación que indique en qué porcentaje se pueden aumentar los cánones de arrendamiento comercial. Para los inmuebles residenciales, según la Ley 820 de 2003 en el artículo 20: “Cada doce (12) meses de ejecución del contrato bajo un mismo precio, el arrendador podrá incrementar el canon hasta en una proporción que no sea superior al ciento por ciento (100%) del incremento que haya tenido el índice de precios al consumidor en el año calendario inmediatamente anterior”. Para los arriendos de locales comerciales, las partes son libres de definir el porcentaje de incremento, el índice de referencia (IPC, SMMLV u otro), o cualquier otro mecanismo de ajuste que consideren adecuado.
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A esta presión se suma una cadena de costos operativos como el cobro de espacio público que alcanza los cinco millones y medio de pesos mensuales, según los mismos comerciantes; y también las tasas de aseo comercial de dos a tres millones de pesos por establecimiento.
Esos incrementos se traducen en el aumento de los precios de los productos para el consumidor final, el despido del personal o finalmente, en el cierre del establecimiento. “Hoy lo que es Provenza es gracias al esfuerzo de los comerciantes que estamos acá. Nosotros fuimos los que le dimos ese valor agregado y nos clavamos el puñal”, afirma uno de los comerciantes.
En cuanto al fenómeno del cierre de establecimientos, La Lonja indica que en su estudio de vacancia de mediados de año no se detectó un incremento atípico de locales desocupados en el sector de El Poblado. Sin embargo, Estrada reconoce un cambio reciente en la dinámica: “En los últimos dos meses se ha visto que se empiezan a cerrar algunos negocios referentes de la zona. La capacidad de pago de un local depende de que el negocio lo pueda sostener con sus ingresos; de no ser así, se entra a renegociar o cerrar, mientras el propietario enfrenta periodos de desocupación y termina bajando cánones. Al final del día, la economía siempre corrige estos desfases”.





