Hace unas semanas escuché una frase que se me quedó rondando: “permiso para dudar”. Y mientras más vueltas le daba, más claro tenía que ese permiso es justo lo que le falta a quien emprende. Hemos construido una narrativa donde el emprendedor ideal nunca titubea, habla con una seguridad que a veces roza la terquedad.
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Y me pregunto: ¿y si esa seguridad impuesta es, en realidad, uno de los mayores riesgos que corremos?
Imagínense algo, cuando el GPS nos avisa que nos equivocamos de calle, no colapsa ni nos grita que fracasamos: dice “recalculando ruta” y sigue. Ese recalculo no es una falla; es exactamente para lo que fue diseñado. Emprender se parece muchísimo a esto: la duda que sentimos cuando el modelo no cierra como esperábamos no es una falla del sistema, es el “recalculando ruta” de nuestro propio negocio.
René Descartes, el filósofo francés, lo resumió mejor que nadie: “la duda es el principio de la sabiduría”. Su método, dudar con propósito para construir algo más sólido, es, en el fondo, lo que hace un buen emprendedor cuando revisa su modelo con honestidad. Y las cifras le dan la razón: según CB Insights, cerca del 35 % de los emprendimientos que fracasan lo hacen porque descubrieron, ya tarde, que no había necesidad real de mercado. Los emprendedores, en promedio, necesitan de dos a tres veces más tiempo del esperado para validar su idea.
La duda prolongada no es la excepción del camino emprendedor: es la norma.
Y aquí está lo que más me interesa: si le damos permiso a la duda, el paso natural es darle permiso también a lo que casi siempre termina proponiendo: el pivote. Pivotar no es fracasar; es la prueba más contundente de que alguien escuchó su propia duda a tiempo. Se estima que más de la mitad de los emprendimientos que sobreviven en ecosistemas como Silicon Valley lo hacen precisamente porque pivotaron. Instagram, antes de ser la plataforma de fotos que conocemos, se llamaba Burbn y era una app de geolocalización que no despegaba; sus fundadores dudaron de su propia idea original y se quedaron solo con la función que la gente sí estaba usando. Ese permiso para dudar de su propia hoja de ruta le dio vida a una de las plataformas más influyentes del mundo.
Medellín conoce bien este ejercicio. El más reciente Colombia Tech Report nos reconoció como la ciudad con mejor ambiente de negocios y comunidad emprendedora de Latinoamérica, con el mayor número de startups por habitante de la región. Pero seríamos deshonestos si nos quedáramos solo con la parte buena: esa misma ciudad todavía recibe una fracción muy pequeña del capital que se mueve en el país. Somos, al mismo tiempo, una referencia y una tarea pendiente.
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Sostener las dos verdades a la vez es, precisamente, la duda de la que hablo hoy.
Y es que hay algo profundamente valioso en esa honestidad: los emprendedores que hoy admiramos no llegaron a sus ideas exitosas por una línea recta de certezas, sino por un camino lleno de dudas que supieron escuchar y de pivotes que se atrevieron a hacer.
Así que, si están dudando de su idea, de su modelo, de su próximo paso: bienvenidos al club. No están fallando, están, probablemente, a un paso de encontrar la versión de su negocio que sí estaba destinada a funcionar. Se dan permiso para dudar y, ahora, se dan también el permiso, y el coraje, para pivotar. Ese es, al final, el verdadero motor del emprendimiento: no la certeza inmóvil, sino la capacidad de moverse hacia una versión mejor de la idea con la que empezamos.
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