En el colegio, Mateo Marín Cuartas ya sabía que quería estudiar medicina. Lo atraían dos cosas: entender cómo funciona el cuerpo humano y hacer algo concreto con las manos: “Si fuera solo por el interés académico, hubiera podido ser biólogo y trabajar en investigación, pero eso no me hubiera alcanzado para hacerme del todo feliz”, cuenta. Entró a Medicina en la Universidad CES convencido de que quería ser cirujano, aunque todavía no tenía claro en qué se quería especializar.
Sin embargo, esa respuesta llegó años más tarde, cuando empezó las rotaciones electivas de Medicina. Ahí se encontró con la cirugía cardiaca y quedó “cautivado”, recuerda. En ese momento, su vida empezó a cambiar por completo.
Mateo había estudiado en el Colegio Alemán y, a los 16 años, hizo un intercambio en Alemania. Por eso, durante los últimos semestres de Medicina, sus profesores le sugirieron aprovechar el dominio del idioma y hacer una rotación en Leipzig. Así fue como, en su último año de carrera, mientras cursaba el internado, hizo una rotación en el Leipzig Heart Center. “Me fue muy bien y surgió la posibilidad de hacer la especialidad aquí”, relata. Tras graduarse del CES, se instaló en Alemania, en 2017, para comenzar su residencia en cirugía cardíaca en ese mismo hospital.
Para explicar lo que significaba Leipzig, dice: “Era como ser astronauta para la NASA o jugar fútbol para el Real Madrid”. Y aunque suena como un sueño hecho realidad, el camino no fue fácil. Recién graduado tuvo que vivir solo, lejos de la familia, en otro idioma y dentro de una cultura en la que, dice, nunca se deja de ser el extranjero: “Para demostrar quién sos, qué sabés hacer y qué podés hacer, probablemente te toque trabajar el doble o el triple que a un alemán”.
Dudas en el camino
Hubo momentos en que se preguntó para qué trabajar tanto. La muerte por cáncer de un amigo de la niñez y, después, la de una exnovia con quien conservaba una amistad cercana, lo llevaron a mirar su vida de otro modo. “Este trabajo tan duro, tantos esfuerzos y la gente se muere súbitamente. Yo debería estar más bien disfrutando mi vida en vez de estar aquí matándome trabajando tanto”, son planteamientos que han surgido durante estos años.
Mientras avanzaba en su formación como cirujano cardiovascular e intensivista, hizo además un doctorado en la Universidad de Leipzig. Después detuvo durante un año la especialidad y viajó a Stanford, en Estados Unidos, para realizar un posdoctorado enfocado en la biomecánica de las válvulas cardíacas. Luego regresó a Leipzig y terminó su especialidad médica en 2024. La experiencia en Stanford, asegura, fue uno de los puntos de inflexión de su carrera: le abrió nuevas puertas y reforzó su decisión de investigar, no solo de operar.
“Cada vez que uno opera un paciente le está ayudando a un paciente. Si en su vida opera 5.000, ayudó a 5.000 personas, que es bastante, pero no es tanto”, explica. Investigar, participar en guías clínicas y trabajar en sociedades científicas, sostiene, permite que su trabajo alcance pacientes que nunca conocerá.
Esa idea también explica por qué, al menos por ahora, no contempla volver a Colombia. Según él, la investigación necesita recursos. “Los pacientes enfermos están en todas partes y operar se puede en todas partes, pero los recursos de investigación son más abundantes en Europa y la investigación es la mitad de mi trabajo”. Desde Alemania recibe cirujanos colombianos en rotaciones y, algunas veces, viene al país para dar conferencias.
Hace pocos días terminó su etapa profesional en el Leipzig Heart Center, donde pasó cerca de una década entre formación, investigación y práctica clínica. A mediados de septiembre comenzará una nueva etapa en el Deutsches Herzzentrum der Charité, en Berlín. Casi diez años después de llegar a Alemania conserva, dice, “la cultura de trabajo, la motivación, la dedicación y esa pasión” con la que salió de Medellín. El reconocimiento que recibirá llega en ese punto: no como una meta final, sino como una confirmación de que hacer ciencia puede extender el alcance de sus manos mucho más allá del quirófano.
EACTS lo eligió entre sus 40 menores de 40
La European Association for Cardio-Thoracic Surgery (EACTS) cumple 40 años en 2026 y creó la iniciativa 40 Under 40 para reconocer a 40 de sus miembros menores de 40 años que, según la organización, están contribuyendo a la atención de pacientes, la innovación científica y el futuro de la especialidad. La lista oficial incluye a Mateo Marín Cuartas como cirujano del Leipzig Heart Center. Según Marín, se trata de una mención de honor y de una red entre los seleccionados para facilitar intercambios y colaboraciones. Él es miembro de EACTS desde 2018, integra el grupo de trabajo de las válvulas mitral y tricúspide y participa en el comité del programa del congreso. Los 40 serán reconocidos durante la 40 Reunión Anual de EACTS, del 7 al 10 de octubre de 2026 en Barcelona, encuentro que la asociación presenta como la mayor reunión mundial de la comunidad cardiotorácica.




