El pasado domingo 9 de agosto, el joven rabino Shaul Domb, de 26 años, cumplió su segundo mes como líder espiritual de la comunidad judía de nuestra ciudad, la misma que acude a los servicios religiosos y actividades culturales y sociales programadas cada semana en la sede de la Unión Israelita de Beneficencia, en el barrio Villa Carlota.
El segundo nombre del rabino Domb es Eljanan, que en hebreo significa “que Dios me dio”, expresión que puede vincularse a los prolegómenos de su llegada, desde su natal Buenos Aires, la capital argentina.
“De la comunidad de Medellín fue la primera propuesta que recibí este año para ser su rabino. De inmediato me encantó, pese a que no había estado antes en la ciudad ni en el país. Decidí que no iba a contemplar ninguna otra alternativa de las que me llegaron después”, dijo.
En febrero, con el acompañamiento de su amigo Jonatan Bril, quien fuera rabino en esta ciudad hace más de cuatro años, visitó por primera vez Medellín y conoció buena parte de la comunidad que le invitaba a ser su nuevo rabino, conformada por cerca de 350 fieles.
“Con esa visita me acabé de convencer. Me encantó la ciudad, la gente, lo verde que es, el clima, las facilidades para mí y mi familia, las instalaciones, hasta el acceso a comida Kosher. Ha sido un gusto haber llegado a Medellín”.
El rabino Shaul Domb está cerca de cumplir su segundo aniversario de bodas y es padre de una pequeña de once meses. Como parte de una familia ortodoxa, es el tercero de diez hermanos (una mujer, que es la mayor, y otros ocho hombres) y espera “tener todos los hijos que Dios nos quiera dar y donde nos los quiera dar. Estamos en sus manos”.
En los tres servicios principales que oficia cada semana, el rabino Shaul lee con una fluida cadencia los versículos escritos en hebreo de cualquiera de las diez Torá (rollos de pergamino de vaca que contienen los cinco libros escritos por Moisés, que equivalen al Pentateuco cristiano) con que cuenta su nueva sinagoga.
“Estoy también fascinado por su calidad y belleza, aunque solo he utilizado cinco de ellas. Están hechas de materiales excelentes, escritas a mano con una caligrafía preciosa”, detalla sobre la condición del trabajo artesanal de estas piezas, vitales para la expresión judaica y que pueden datar algunas de antes de 1930, cuando se conformó oficialmente la primera comunidad hebrea de Medellín.
Antes de llegar a El Poblado, había sido rabino en Montevideo, Uruguay. “Fue una gran experiencia. Empecé como mano derecha del rabino titular que allí había y luego lo reemplacé de manera provisional. Estuve con esa comunidad, que era mucho más grande, unas ocho mil personas, durante casi dos años”.
Al preguntársele qué es y qué hace un rabino, Shaul Domb, luego de meditarlo un poco, explica: “Todo judío conoce lo que Dios le pide. Pero a veces, quiere que alguien lo acompañe, lo escuche, lo guíe y le dé un punto de vista basado en la fe y la palabra. Eso somos y eso hacemos los rabinos”.





