Hace unos años comprar café era una decisión sencilla. Bastaba con reconocer una marca y elegir entre molido o en grano. Hoy la escena en el supermercado es muy distinta. Las estanterías reúnen decenas de referencias que hablan de cafés de origen, procesos especiales, fermentaciones, variedades y tostiones, mientras palabras como “premium” , “supremo” o “de exportación” parecen prometer una calidad superior. Pero ¿qué información vale la pena leer realmente antes de poner una bolsa en el carrito?
Para Gustavo Villota, cofundador de Café San Alberto, el primer paso es entender que muchas de las expresiones que aparecen en los empaques responden más al mercadeo que a una clasificación oficial. En Colombia no existe una regulación que defina qué significa exactamente un café “premium”, por lo que ese tipo de mensajes no necesariamente indica que el producto sea mejor que otro.
1. Empiece por el origen, no por las promesas
La información más valiosa suele ser la más discreta. Si una bolsa identifica la finca, la hacienda o el productor, está ofreciendo algo que el consumidor cada vez aprecia más: trazabilidad. Eso permite saber de dónde proviene el café y quién está detrás de su cultivo. No significa que una mezcla de diferentes orígenes sea un mal café, pero sí que un origen identificado ofrece más información sobre el producto y facilita conocer el trabajo de un productor específico.
2. Busque la variedad del café
Después del origen aparece otro dato importante: la variedad. Nombres como Caturra, Castillo o Geisha no son estrategias de mercadeo. Son variedades de café que desarrollan perfiles sensoriales distintos. Mientras unas suelen ofrecer sabores más equilibrados, otras destacan por notas florales o cítricas.
Con el tiempo, muchos consumidores empiezan a descubrir cuáles disfrutan más y pueden repetir la experiencia buscando esa misma variedad, del mismo modo en que un aficionado al vino aprende a reconocer determinadas uvas.
3. La región también cuenta
Cuando el origen ya está claro, vale la pena fijarse en la zona donde fue cultivado. Algunas regiones han construido una reputación gracias a sus condiciones de altura, clima y tradición cafetera. Esto ayuda a entender mejor el perfil que puede encontrarse en la taza y permite comenzar a comparar cafés más allá de la marca. Para quienes quieren profundizar todavía más, algunos empaques incluyen el tipo de beneficio o procesamiento (lavado, natural o honey), aunque este sigue siendo un lenguaje relativamente nuevo para buena parte de los consumidores.
4. Revise la fecha de tueste, no solo la de vencimiento
Uno de los errores más comunes es pensar únicamente en la fecha de vencimiento. Aunque la legislación permite comercializar el café durante varios meses, la experiencia sensorial empieza a cambiar mucho antes. Por eso cada vez más tostadores incluyen la fecha de tueste en el empaque. Según Gustavo, después de cuatro meses del tueste el café comienza a perder buena parte de sus aromas y sabores. No deja de ser apto para el consumo, pero sí ofrece una experiencia menos intensa. Si la bolsa informa esa fecha, es una buena señal de transparencia por parte del productor.
5. Si puede, compre el café en grano
El café molido tiene una ventaja evidente: la comodidad. Sin embargo, al aumentar la superficie expuesta al oxígeno, también pierde sus características con mayor rapidez. Por eso, quienes cuentan con un molino en casa pueden conservar durante más tiempo los aromas y sabores comprando el café en grano y moliéndolo justo antes de prepararlo. Si la compra será de café molido, lo ideal es consumirlo en un periodo relativamente corto y mantenerlo bien cerrado.
6. Elija la tostión según como prepara el café
No existe una tostión mejor que otra. Los cafés de tueste medio suelen conservar mejor los matices de un café de especialidad y funcionan especialmente bien en métodos de filtrado como V60, Chemex o prensa francesa. En cambio, quienes preparan espresso en máquinas de alta presión pueden obtener mejores resultados con tostiones más altas, que desarrollan un perfil diferente durante la extracción. Lo importante es entender que el nivel de tostión debe responder al método de preparación y al gusto personal, no a una supuesta escala de calidad.
7. El café más caro no siempre será el que más le guste
El precio tampoco cuenta toda la historia. Así como ocurre con el vino, existen cafés de alto valor porque provienen de variedades poco comunes o de procesos experimentales que requieren más trabajo. Sin embargo, eso no significa que sean los ideales para todos los paladares. Hay perfiles muy intensos o poco convencionales que pueden resultar fascinantes para algunos consumidores y excesivos para otros. Al final, el mejor café no necesariamente es el más costoso, sino aquel cuyo sabor hace que la siguiente taza también provoque repetirla.





