Hay carreteras que conectan territorios, leyes que ordenan sociedades y gobiernos que llegan legítimamente con nuevas visiones de país. Pero existe otra infraestructura, menos visible y más difícil de construir: la confianza entre instituciones. Colombia necesita cuidarla.
La discusión alrededor de la ANDI y la continuidad de su presidente, Bruce Mac Master, debería llevarnos a una reflexión que trascienda nombres propios. No se trata de defender a una persona ni de desconocer la posibilidad de que un nuevo Gobierno construya sus propios interlocutores. Se trata de preguntarnos cómo fortalecer la relación entre el Estado y las instituciones de la sociedad civil que han aportado al desarrollo del país.
La ANDI tiene 82 años de historia. Como ella, Colombia cuenta con cámaras de comercio, gremios, universidades, fundaciones y organizaciones sociales que constituyen un patrimonio institucional que no pertenece a un gobierno ni a una generación.
Ese patrimonio merece ser preservado. No porque sean infalibles, sino porque una democracia madura necesita organizaciones capaces de renovarse y una relación con el Estado basada en respeto, independencia e interlocución.
Hay una razón práctica. Los gobiernos trabajan bajo ciclos de cuatro años. Los territorios, las empresas y las sociedades, no. Cerrar brechas, transformar la educación o desarrollar sectores productivos puede tomar décadas. Por eso, los gremios cumplen una función esencial: custodiar conversaciones de largo plazo, reunir capacidades y ayudar a convertir acuerdos en acciones.
Lo hemos aprendido en el Oriente antioqueño. Cooperar no significa pensar igual. Significa reconocer que ninguna institución puede resolver sola desafíos como la movilidad, la seguridad, la educación, el empleo o la competitividad. El valor aparece cuando capacidades diferentes se encuentran alrededor de un propósito común.
Aquí, en 2026, el Edelman Trust Barometer registró 65 % de confianza en las empresas y 74 % considera que deben tender puentes y generar confianza. Esa confianza es una responsabilidad. Colombia enfrenta desafíos complejos en seguridad, energía, salud, competitividad y empleo. En ese escenario, Gobierno y sector privado no necesitan pensar igual, pero sí escucharse, dialogar y construir acuerdos.
Al Gobierno le corresponde gobernar. A las empresas, contribuir al desarrollo. A la academia, aportar conocimiento. A las comunidades, participar y exigir. Y a los gremios, conectar esas capacidades y ayudar a que las cosas pasen. Eso requiere confianza: un activo que tarda décadas en construirse y puede deteriorarse con rapidez. Por eso debemos entenderla como una infraestructura estratégica del país.
Una carretera conecta lugares, la confianza conecta voluntades. Es tiempo de dialogar, respetar las instituciones y concentrarnos en trabajar juntos para sacar el país adelante y hacer que las cosas pasen.




