Esta frase les sonará familiar: “Por mi salud mental no consumo noticias”. Es pronunciada todos los días en las calles y salas de juntas. Sale de la boca de señoras haciendo fila en la EPS y de grupos ejecutivos de prestigio nacional e internacional. Se llama enajenación de la información y aparece cuando nos cansamos de ver problemas que no podemos solucionar. Efecto inmediato: la desconexión.
La apatía puede crecer más. Según el último Informe Digital de Noticias del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, 2025 marcó un récord histórico en la desconfianza a la hora de consumir noticias. “La confianza en las noticias ha caído a nivel global un 37 %, el más bajo desde que comenzó a medirse en 2015”, a pesar de que la oferta informativa ha crecido, aunque no sea exclusivamente consumo directo en los medios tradicionales. Las IA y las plataformas sociales son los lugares preferidos para la gente informarse.
Una sociedad que no conoce su actualidad, que no consume noticias, erosiona todos los días su sentido crítico. También pasa cuando consumimos noticias rápidas y nos quedamos a vivir en los titulares, esto impide reflexionar sobre la veracidad, detiene la duda. Además, nos hace vulnerables ante emergencias y crisis, nos puede llevar a tomar malas decisiones financieras, nos expone a estafas y manipulación, y puede aislarnos a tal punto de ignorar nuestros beneficios como ciudadanos y perder nuestros derechos.
Los medios de comunicación tienen muchos retos, dirán algunos, y eso es cierto. El sesgo de negatividad de muchos periodistas que priorizan la tragedia para capturar la atención y que no se les ocurre pensar que ellos también son responsables de la esperanza, es uno de ellos. También la sobrecarga de datos que hacen que a veces existan temas de periodistas para periodistas, los cuales alejan a las audiencias.
Sin embargo, culpar a los medios no sana nuestra relación con el contexto y con la coyuntura. En lo personal, desconfío de los profesionales que no leen noticias, que no revisan la actualidad de manera crítica y proactiva. El contexto nos da una mirada de larga duración que abarca antecedentes culturales, sociales y económicos. La coyuntura, por su parte, nos propone una reflexión inmediata sobre el presente y los hechos que estamos viviendo en este momento. ¿Cómo pueden tomarse decisiones gerenciales, por ejemplo, cuando no sabemos en qué mundo estamos parados ni para qué mundo vamos? Para el caso de los comunicadores, sea cual sea su área de desempeño incluyendo el marketing, la desinformación es casi imperdonable.
Hay que leer noticias como mandamiento para sobrevivir en el mundo que nos tocó habitar, uno marcado por la movilizadora pero insoportable incertidumbre. En un entorno VUCA (volátil, impredecible, complejo y ambiguo), como dirían los expertos, tener los dos pies bien puestos sobre la tierra, no está de más. El periodismo, sobre todo el buen periodismo, es una responsabilidad de todos y lo cuidamos consumiendo información de fuentes confiables, verificables y creíbles, aceptando nuestra responsabilidad como audiencias.
En tiempos donde decidir es cada vez más difícil, informarse no es un lujo ni una carga: es una forma de cuidarnos y de cuidar lo común. Como dijo en 2005 el maestro Javier Darío Restrepo, “el periodismo es más necesario que el pan”.




