El rumor del viento que mece las ramas de los árboles durante las calurosas tardes de un verano que se hace cada vez más caliente, el canto de los pájaros al amanecer, el murmullo constante del agua en las quebradas, han hecho parte de la vida de buena parte de los habitantes de la comuna 14.
La promesa de estar rodeado de naturaleza, de la posibilidad de disfrutar de un espacio verde, cimenta el argumento de venta de muchos de los proyectos que se siguen construyendo.
En todo caso, una referencia bucólica que cada día se hace mucho más difícil de cumplir, por que donde ayer había un bosque que podía divisarse a través de la ventana, hoy pueden verse con claridad… las ventanas de los apartamentos del edificio vecino.
En el informe ‘Espacios públicos verdes urbanos en el Valle de Aburrá: un reto de conservación’, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y el Instituto Alexander von Humboldt dieron a conocer en 2023 los principales hallazgos del ‘Plan maestro de espacios públicos verdes urbanos’.
En ese momento quedó reseñado que entre 2006 y 2022, el indicador per cápita de espacio público verde para la región pasó de 5,9 metros cuadrados por habitante a 4,8 metros cuadrados por habitante.
De acuerdo con las entidades, la situación “puede estar relacionada con las fuertes dinámicas poblacionales (y migratorias) que ha experimentado la región en los últimos años, aunadas al crecimiento exponencial de la urbanización, que no ha estado a la par de la generación de suelo verde”.
Así las cosas, hace tres años se proyectó que el indicador per cápita de espacios públicos verdes urbanos para 2032 sería de 4,1 metros cuadrados por habitante y se estableció que, sin “una gestión adecuada de los espacios verdes que aún persisten” o sin “estrategias para generar suelo verde urbano o periurbano”, este indicador podría llegar a ser menor.
No obstante, el informe reconoce que el espacio público verde es de apenas el 24 por ciento, mientras que, si se tuvieran en cuenta los espacios privados en el indicador de espacio verde urbano en la región metropoli- tana, el índice sería de 16,2 metros cuadrados por habitante. Es decir, que el área y la cantidad de espacios verdes privados es mucho más robusta que la de los espacios públicos y eso es mucho más evidente en municipios como Medellín y particularmente en barrios como El Poblado.
En abril de este año, Medellín obtuvo por cuarta vez el galardón que la destaca como ‘Ciudad Árbol del Mundo’. La Alcaldía resaltó entonces que desde 2024 se sembraron más de 195 mil árboles y el año pasado fueron recuperados más de 250 mil metros cuadrados de áreas verdes.
“Medellín cuenta hoy con 17 reservas protegidas que suman 3.131 hectáreas, 42 guardabosques activos, siete pasos de fauna instalados y el registro de más de 80 especies”, decía entonces la in- formación que publicó la Alcaldía para celebrar el premio otorgado por la Fundación Arbor Day y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
No obstante, hay zonas en las que las edificaciones han contribuido a reducir los espacios verdes. Del control que nuestros gobernantes sepan hacer al modelo de desarrollo a través, por ejemplo, del Plan de Ordenamiento Territorial, dependerá que en el futuro los habitantes de esta urbe podamos seguir disfrutando de la vida que hasta ahora hemos conocido.





