Hace poco, en mi cumpleaños, me pasó algo que me dejó pensando.
Recibí cientos de mensajes. WhatsApps, emojis, notas de voz, stickers, comentarios en redes. Todos diciendo “¡Feliz cumple!”, “Bendiciones”, “Te quiero mucho”. Y claro, uno agradece. Uno sonríe. Pero, entre todo ese ruido de notificaciones, hubo un silencio que pesó más que todos los mensajes juntos: el de algunas personas que esperaba con el corazón.
Un par de días después, alguien me reclamó: —¡No me respondiste el mensaje, me dejaste en visto!
Y le respondí con toda la sinceridad del mundo: Lo vi. Pero me tomó días responderles a todos. Y, con cariño, si de verdad era tan importante para ti… ¿por qué no llamaste? Acto seguido, llegó un silencio incómodo que terminó la conversación.
No lo dije con rabia. Lo dije con sinceridad. Porque últimamente he entendido algo: hay momentos en los que no basta con “estar”, hay que hacerte notar. Y un cumpleaños, una muerte, una celebración, una crisis, una noticia importante… son ese tipo de momentos que revelan quién está de verdad y quién solo aparece por rutina.
Lee todas las columnas de Juan Manuel Gaviria aquí.
“No faltaste tú. Faltó tu presencia”. Esta frase se me quedó grabada en el corazón, porque hoy, en medio de tanto facilismo digital, estamos confundiendo presencia con visibilidad.
Un comentario no es un abrazo. Un emoji no es una conversación. Una reacción no es una conexión.
Hoy, gracias a la tecnología, todos podemos “estar”. Pero estar no es lo mismo que importar. Y eso se nota. Se siente. Se vive.
Le puede interesar: ¿Cuál es la banda sonora de tu vida?
¿Sabes qué es lo más valioso que alguien puede darte hoy? Su tiempo. Su atención completa. Su voz, su mirada, su energía. Eso que no se delega, ni se automatiza, ni se programa en una aplicación.
Y lo mismo aplica para ti: ¿qué tipo de presencia estás regalando? Porque si alguien que te importa está viviendo algo importante —una alegría, un duelo, una transformación— lo más humano que puedes hacer es aparecer. No por cumplir, sino por demostrarle al otro que ahí estás para él.
Aunque sea con un “¿cómo estás?” sincero. Aunque sea con una llamada inesperada.
Aunque sea para decirle:
“No sé bien qué decirte, pero aquí estoy”.
El punto no es la cantidad de veces que apareces, sino la calidad de esa aparición. Por eso, si algo quiero dejarte con este artículo es una invitación sencilla, pero poderosa: No seas alguien que está. Sé alguien que se nota.
Lee: Notas de voz para el alma
Porque estar sin intención es lo mismo que no estar. Y si vas a ocupar un lugar en la vida de alguien, que sea con alma, con tiempo, con amor.
Este principio de año, revisa tu lista de gente importante. Pero no solo por cercanía o historia, sino por presencia.
¿Quién está cuando más lo necesitas? ¿A quién buscas tú cuando la vida te sacude?
Esas personas merecen lo mejor de ti. Y tú también mereces rodearte de quienes sí estén. Así que si algo vas a regalar este año, que sea eso: tu presencia real. Cercana. Intensa. Inolvidable. Porque no es estar por estar. No es comentar por comentar.
Es aparecer con alma para dejar huella.
Únase aquí a nuestro canal de WhatsApp y reciba toda la información de El Poblado y Medellín >>





