Ocurrió hace 17 años en una carretera de las interminables que rodean los viñedos argentinos, después de una cena de presentación de vinos y de haber conocido otro buen cosecha tardía, que los anfitriones bien supieron servir con el postre. ¿Por qué no tenemos más de estos en Colombia?, le pregunté a un jefe de mercadeo de una importadora líder en el país. ¡Son fantásticos!, añadí.
Etiquetado como cosecha tardía, sus copas expresaron notas de miel, cáscara de limón y frutas almibaradas. ¡Fantástico! Y servido en la cantidad, la temperatura y el momento justo, el vino se lució. El jefe de mercadeo de la importadora, quien coincidió con el gran juego que este había dado en la copa, me respondió: “En Colombia nadie los toma, por eso no llevamos más”.
Y pasaron 17 años y seguimos atrapados en el círculo vicioso: la importación es baja, en comparación con tintos, blancos, rosados y espumantes, porque el interés es mínimo; y lo conocemos poco porque en las tiendas hay que buscarlo con lupa. En restaurantes también escasea. Si no lo podemos tomar, cómo hacemos para que nos guste. En el mundo de los negocios la elaboración es más compleja, pero pasó un montón de tiempo y nos seguimos mordiendo la cola.
Lo raro es que este es un país de paladar dulce, que ha gustado de aguapanela, jugos de fruta y hasta café con azúcar, además de la fiebre por postres, pasteles y tortas. Hasta el gran bocadillo veleño, elaborado con guayaba, tiene Denominación de Origen reconocida por la Unión Europea. Pero en materia de vinos, frenamos en seco. En cifras del Grupo Éxito, la preferencia es del 8 %, en una categoría de buena monta, solo superada por la cerveza y arriba del whisky.
Notas de miel, cáscara de limón y almíbares, hacen que un vino de cosecha tardía (también late harvest) sea un gran protagonista en la mesa. Otros pares que encontré, porque los importadores no han tirado la toalla, son un argentino de aromas a durazno, flores y miel, y un chileno: durazno, papaya y flores.
Portugal también hace agua la boca con el Vinho Verde. Y qué decir del Oporto y todo su portafolio: cereza y ciruela, los ruby; nueces, caramelo, higos y especias, los tawny; o frutos secos y miel, los blancos. Además, provenientes de otros mapas, están Jerez, Sauternes, Tokaji, Riesling y Asti, aunque igual exigen la búsqueda ojo-pinza en nuestras tiendas y restaurantes.
Es tiempo de perdonarnos con los vinos dulces por no haberles prestado atención. No son el resultado de sabores que pretendían ser otra cosa, no fue que quedaron mal hechos; su magia es el dulce y su prestigio es global. Cuando los encuentres, elígelos sin dudas (ah, no funcionan en la gran mayoría de platos fuertes, en sentadas a conversar ni en rumbas), sírvelos fríos, en tragos cortos, al postre, y te prometo que te gustarán.





